Memento
“Ya no me pongas tus canciones, ya no me hables de tu Dios, ya no me leas más la Biblia, te lo pido por favor… Soy ateo te aseguro que no soy como se dice: Ateo gracias a Dios.
Yo solo hablo del contenido que tengo en mi corazón”
Ateo Gracias a Dios – Grupo Cayado
La palabra ateo proviene del griego a- (sin) y theós, que significa Dios; es decir, literalmente: “sin Dios”. Blah, blah, blah, (para mayor información, léase la columna de la semana anterior).
La canción “Carta a Dios” de A Green tiene un verso demoledor: “Si existe el cielo y el infierno ¿A quién verás arder? ¿En serio a todos los que nunca siguieron al pie de la letra cada mandamiento que dicta tu fe? ¿Pero qué hay de todos los que nunca pudieron creer en la religión verdadera por el hecho de nacer en otra nación?”
He leído la Biblia, el Corán, algo de filosofía -creo que es tiempo de volver a hacerlo-. Con el tiempo concebí mi idea acerca de la religión y su máximo representante. Algunas de las mejores personas fueron ateas y algunas de las peores cosas se hicieron en nombre de Dios, como Adolfito, por ejemplo. Y no solo del Dios cristiano, sino de todas aquellas deidades pertenecientes a diferentes culturas. Siempre me pregunté: ¿por qué Dios, siendo un padre amoroso, permite la muerte de sus hijos en su nombre? No he podido encontrar una respuesta adecuada; eso del libre albedrío se me hace una excusa perfecta.
Son más de diez veces que me dedican la Parábola del Hijo Pródigo, y sé que son más de diez porque recuerdo la décima; de eso hace ya muchos ayeres. La gente me la dedica pensando que a mí me hace falta Dios, o que tengo algo en su contra, etcétera. Lo más lamentable es que muchas de las personas que me la dedican no son congruentes con sus actos, ni coherentes con sus palabras. La Parábola del Hijo Pródigo encierra un mensaje de aceptación hacia las personas como son. La única realidad es que dejé de creer; esto no me hace mejor ni peor persona, me hace una persona que se siente muy a gusto con quien es. A pesar de no creer en lo que los demás creen, me considero una persona muy espiritual.
Muchos creen que la Biblia solo habla de Dios, cuando en realidad habla del comportamiento de las personas, de lo correcto e incorrecto y las consecuencias de ello; claro está, desde la perspectiva de un grupo de personas. En lo particular, prefiero ser congruente con mis principios: no darle a la gente lo que no me gustaría recibir.
Si Dios es justo, creo que no le importará que mis “buenos” actos no hayan sido en su nombre, sino que intenté no ser tan culerito. Si Dios es injusto, entonces no vale la pena adorarlo como lo hacen. Al final, mi vida solo será trascendental para las personas cercanas a mí, es decir, a quienes les importo en realidad.
Y miren, es como aquella persona que cada año peregrina para ir a dejar su diezmo a San Agustín Metzquititlán, como una especie de abono para el perdón de sus pecados; pero cuando regresa a la ciudad donde radica se convierte en otra que le roba a los demás, abusa de la gente, es desleal hasta con su propia religión y persona. ¿Qué preferiría Dios: una buena persona o una buena donación?
La conseja de hoy
Más allá de actuar por la moral que les dicta su religión o por temor a las consecuencias de sus actos ante el juicio de un ser supremo, intenten hacerlo por puritita convicción, creo que es más chido. Y como me diría el Padre Marciano: “Junior, pórtate bien, que nada te cuesta”.




