Una Semana Santa diferente 

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Es la primera vez en mi vida que me tocará trabajar en plena Semana Santa, y algo lejos de casa. Lo que me hizo reflexionar acerca de cuánto han cambiado estos días para mí, que tanto me jacto de ser católico, apostólico y romano.

Recuerdo que cuando era niño mi fe era más radical que ahora. De hecho, estos días (especialmente el Viernes y el Sábado Santo) no se hacía quehacer, no se escuchaba música que no fuera católica y se invitaba a una verdadera reflexión que te costaba horas de tu vida cotidiana (sin televisión o con películas católicas; en ayuno y sin actividades “divertidas”).

Con el tiempo y el paso de los años, no es que haya perdido ese sentimiento (de hecho, me esfuerzo por mantenerlo), pero fui absorbido por el “mundo activo” en el que cuando te toca chambear, estudiar o hacer alguna cosa que consideres urgente, pues ni modo, así tendrá que ser.

Siempre tuve el consuelo de que gracias a la carrera que escogí, pude seguir apegado a estos días, ahora desde la perspectiva periodística, afortunadamente me tocó cubrir un par de Viacrusis vivientes y uno meditado. Y aunque por otras tareas que me tocará cubrir este año, no me será posible hacerlo esta vez, me será grato volver a vivir estos días como un espectador más, sin la presión de tener que escribir.

Ojalá alcance a llegar a la Vigilia Pascual, que para mí es la Eucaristía más preciosa e importante del año y que me encanta vivir, aunque esté parado por tres horas y ya me dé sueño después de pasado un tiempo (causa por la cual voy sin mi familia de unos cuantos años para acá).

Espero que este año se erradique de forma definitiva eso de andar echándose agua con el pretexto justo del Sábado de Gloria, porque me consta que esos mismos que se mojan luego no están en la celebración de ese día ni en la del Domingo de Resurrección (lo digo por unos primos, que no voy a quemar acá).

Pero sin duda, lo que más le pido a Dios es que los Viacrucis vivientes vuelvan a tener el objetivo que siempre deberían alcanzar, que es el de la reflexión y el propósito de cambio en la gente. Porque últimamente se han convertido en simples pretextos para emborracharse, pelearse y/o convertirlo en un espectáculo que pocas veces tiene que ver con la fe.

Rezo para que también se acaben esas críticas que últimamente se les hacen a los ateos por “tomarse estos días de vacaciones”, porque sería como negarle el acceso a la Iglesia a alguien por el hecho de que por alguna razón no pueda comulgar. Creo en la Iglesia de puertas abiertas, esa Iglesia que no discrimina, que está abierta a recibir a quien se acerque con fe. Y quién quita que tal vez darle esos días de descanso a un ateo sirvan para que este se acerque a Dios (de forma directa o indirecta) o ayude a que otros se acerquen a Él. 

De acuerdo a mi percepción, la Iglesia se ha vuelto elitista y no debería serlo. Porque Jesús entró en un burrito a Jerusalén por algo, para demostrar que se puede llegar a ser grande sin perder nunca la humildad ni la sencillez.

Nota: Perdón si me contradije al hablar de que no hay que criticar a los ateos pero yo sí lo hice con los que desperdician agua. Pero es que no hay que hacerlo, se nos está acabando…

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