No todo lo que te hace reír te está sanando

Más Leídas

DES-prográmate y Ámate

Hay algo que suena ligero, pero no lo es tanto: el humor.

No el humor del meme o del chiste casual, sino ese que aparece justo cuando algo duele, ese que usamos para contar una historia difícil riéndonos. Y aunque puede parecer inofensivo, en muchos casos es una de las formas más sofisticadas de evitar lo que sentimos.

Porque sí, el humor puede ser medicina. Reír regula el sistema nervioso, baja el estrés y nos conecta con otros, pero también puede ser anestesia. Y ahí es donde vale la pena detenernos. No es lo mismo reírte mientras sientes… que reírte para no sentir.

Seguro lo has visto, o lo has hecho: contar algo fuerte, una ruptura, un abandono, algo de la infancia… y soltarlo con una risa, todo parece ligero, incluso los demás se ríen contigo. Pero si te detienes un momento, hay algo que no termina de encajar. Esa risa no siempre es alivio, muchas veces es defensa.

Desde un enfoque terapéutico, hay una idea muy clara: lo que no se siente, no se procesa, y lo que no se procesa, se repite. Por eso, poder bromear con algo no necesariamente significa que ya está resuelto. A veces solo significa que encontraste una forma socialmente aceptada de hablar de eso sin tocarlo realmente.

Y esto no es casual. Muchas veces lo aprendimos en casa. Espacios donde el dolor se minimizaba, donde la incomodidad se cortaba con un chiste o donde sentir demasiado era “exagerar”. Así, sin darnos cuenta, fuimos desarrollando una habilidad muy valorada: hacer reír, incluso cuando por dentro no estamos bien.

El problema es que eso tiene un costo, porque puedes volverte alguien muy funcional, muy agradable… pero poco visible en tu profundidad. Incluso para ti.

Y aquí entra algo importante: el cerebro necesita integrar lo que vivimos. Procesar no es olvidar, es lograr que algo deje de activarte como si estuviera pasando en este momento. Pero para que eso ocurra, necesitas cierto nivel de contacto con la emoción.

Si cada vez que te acercas a algo doloroso lo conviertes en chiste, no hay suficiente conexión para procesarlo. No se integra… solo se rodea. Por eso no se trata de dejar de reír, se trata de observar desde dónde te estás riendo.

Hay un humor que acompaña, que incluso puede ser parte de la sanación. Ese donde puedes reírte… pero también, si te detienes, puedes sentir. Y hay otro que aparece justo cuando la emoción asoma, como una forma automática de salir de ahí. Ese es el que vale la pena mirar.

Hoy el humor está en todos lados. Memes de ansiedad, de trauma, de relaciones. Nos hacen sentir acompañados, sí… pero también pueden hacernos creer que ya trabajamos algo, cuando en realidad solo lo hicimos compartible.

Y entonces la pregunta no es si el humor es bueno o malo. La pregunta es más incómoda… y más honesta: ¿Te estás riendo… o te estás evitando?

Porque no todo lo que te hace reír, te está sanando, a veces solo te está ayudando a no sentir. Y eso, en pequeñas dosis, es humano. Todos necesitamos pausas, pero si se vuelve la única forma en la que te relacionas con lo que te dolió, entonces no estás procesando… estás dando vueltas. Y tarde o temprano, la vida te regresa ahí. Quizá con otra historia, con otra persona, pero con la misma emoción.

Así que la próxima vez que te escuches contando algo con risa, no te juzgues. Solo obsérvate un poco más profundo… y pregúntate: ¿Esto que ya puedo contar con humor… también lo puedo sostener en silencio?

Autor

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias