La trampa de la felicidad 

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Nunca habíamos tenido tantos discursos sobre bienestar y, al mismo tiempo, nunca habíamos tenido niveles tan altos de ansiedad
Esta semana, el 20 de marzo, en muchos lugares, se conmemora el Día Internacional de la Felicidad. Y cuando uno escucha eso, suena bonito, inspirador, incluso aspiracional. Pero también puede abrir una pregunta incómoda: ¿de verdad estamos obligados a ser felices?

Si algo caracteriza a nuestra época es que nunca se había hablado tanto de felicidad. Hay libros, cursos, podcasts, frases motivacionales y redes sociales llenas de gente que parece despertarse a las cinco de la mañana, meditar, correr diez kilómetros, tomar jugo verde y agradecerle al universo mientras se ve espectacular. Mientras tanto, uno está a las siete frente al café intentando apenas arrancar el día.

Aquí aparece una paradoja interesante: nunca habíamos tenido tantos discursos sobre bienestar y, al mismo tiempo, nunca habíamos tenido niveles tan altos de ansiedad, depresión y agotamiento emocional.

Algunos investigadores llaman a esto “la dictadura de la felicidad”: la presión cultural de estar bien todo el tiempo, o al menos de parecerlo. Porque hoy no solo vivimos nuestras emociones, también las mostramos, las publicamos y las editamos. Y eso puede generar la sensación de que todos parecen estar bien, menos uno.

Pero desde la psicología sabemos algo importante. Investigaciones de la psicóloga Iris Mauss, de la Universidad de Berkeley, encontraron algo contraintuitivo: las personas que se obsesionan con ser felices tienden a sentirse menos felices. Cuando la felicidad se vuelve una meta permanente, empezamos a evaluarnos emocionalmente todo el tiempo. Si seguimos tristes, si aún nos duele algo, sentimos que estamos fallando.

Entonces ocurre algo curioso: no solo estamos tristes, también nos sentimos mal por estarlo, y aquí aparece otra confusión frecuente: pensar que felicidad y bienestar son lo mismo. Sentirse bien en el momento es una parte del bienestar, sí. Pero también existe otro tipo de bienestar que tiene que ver con sentido, dirección y propósito. Y una vida con sentido no siempre se siente cómoda. Criar hijos, estudiar algo difícil, sanar heridas emocionales o tomar decisiones importantes puede ser profundamente significativo, y al mismo tiempo agotador o incómodo.

Las emociones difíciles no son un error del sistema, de hecho, muchas veces son información. La tristeza puede señalar pérdida, el enojo puede señalar límites violados, el miedo puede señalar necesidad de protección. Si eliminamos esas emociones, también eliminamos el mensaje que traen.

Además, hay algo que pocas veces se explica, el cerebro humano no evolucionó para ser feliz todo el tiempo, evolucionó para sobrevivir, por eso detecta amenazas más rápido que cosas buenas y recuerda más lo negativo que lo positivo.

Por eso, tal vez la meta psicológica real no es vivir en felicidad constante, tal vez es algo más humano, poder atravesar la experiencia emocional completa sin perder contacto con la vida,, porque la felicidad rara vez aparece como un estado permanente, más bien aparece como momentos breves dentro de una vida completa: un café tranquilo, una conversación que te hace sentir comprendido, una tarde donde algo dentro de ti se siente en paz.Quizá entonces, en lugar de preguntarnos si somos felices todo el tiempo, valdría la pena hacernos otra pregunta: ¿estás viviendo tu vida completa, o estás intentando encajar tu experiencia en una idea de felicidad que alguien más dijo que deberías tener?

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