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viernes, marzo 13, 2026

Remedios para el poder

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RETRATOS HABLADOS

Seguramente sí: la impunidad con que se maneja el poder no solo en México sino en el mundo entero, nos ha cambiado de manera radical, porque empezamos a creer que la mejor actitud que se puede asumir ante esta situación, es simplemente aceptarla, porque no hay quien pueda con el personaje obnubilado por el poco, regular, mucho, o muchísimo acumulamiento de esa capacidad, o incapacidad, para ejercerlo. Igual que cuando se decide no interponer una denuncia por robo o asalto, “porque no harán nada”, caminamos rumbo a la conclusión definitiva de que “así nos tocó en suerte nacer en estos tiempos”.

Sin embargo, y pese a toda esta desazón y desilusión, siempre prevalece la certeza de que un escenario tan lamentable, tan contrario a todo lo que soñamos, tendrá que caerse y cada uno de los patéticos actores “de poder”, tendrá que regresar a ser el simple y pobre mortal, tal vez arrepentido, tal vez no, de todo el caos que logró generar con sus acciones. Vamos por partes:

La Cordura del Mando: Entre el Mesianismo y la Razón

El poder, cuando se libera de los diques institucionales, deja de ser una herramienta de gestión para convertirse en un delirio de autorreferencialidad. En México, Claudia Sheinbaum hereda no solo una banda presidencial, sino una inercia populista que confunde la voluntad general con el capricho de una sola voz. Se enfrenta al riesgo que el filósofo de Corea del Sur, Byung-Chul Han describe como la «sociedad del cansancio» volcada al narcisismo político: una gestión que, en nombre del pueblo, puede terminar devorando las estructuras que permiten la disidencia y el pensamiento crítico.

A nivel global, la sombra de Donald Trump proyecta una amenaza similar de «inmolación» sistémica. Como bien señala Judith Butler, la precariedad de nuestras democracias radica en la pérdida de los marcos éticos comunes. El remedio no es más carisma, sino lo que el historiador francés, Pierre Rosanvallon, denomina «contrademocracia»: la reactivación de una vigilancia ciudadana que no dependa de la fe ciega, sino del escrutinio técnico y moral. La presidenta debe decidir si será la arquitecta de un Estado de derecho robusto o la heredera de una mitomanía que sacrifica el futuro en el altar del fervor ideológico.

La única vacuna contra la locura del poder es la humildad epistémica, o del conocimiento. Solo reconociendo la finitud del mando y el respeto del opositor, se evita el abismo del totalitarismo blando. El destino de las naciones hoy no se juega en las plazas, sino en la capacidad de los líderes de resistir la tentación de creerse la encarnación del destino.

Repasemos algunas tesis de nuestro tiempo:

Para el filósofo esloveno, Slavoj Žižek, el populismo no es un error del sistema, sino su síntoma. En México, el riesgo de Sheinbaum es gobernar bajo lo que el pensador llama la «fantasía ideológica»: la construcción de un enemigo externo (la «mafia del poder» o el neoliberalismo) para ocultar las propias contradicciones del Estado. El remedio żižekiano es brutal: una travesía del fantasma. La presidenta debe admitir que el «pueblo» no es una unidad monolítica, sino un espacio de conflicto. Sin esa honestidad, el poder se convierte en una actuación teatral donde Trump y los populistas de izquierda actúan como «sujetos supuestos saber», arrastrando a sus países a una inmolación colectiva por el simple placer de mantener viva la ficción.

En el polo opuesto, Jürgen Habermas, filósofo alemán, propone la razón comunicativa como única balsa de salvamento. Frente a la verborrea divisiva, el remedio es la reconstrucción de la esfera pública. Para que México no derive en una autocracia y el mundo no sucumba al aislacionismo de Trump, es imperativo volver al diálogo como método para llegar a un destino, a través de conocer y reconocer el camino. 

Habermas advertiría que Sheinbaum enfrenta la «colonización del mundo de la vida»: cuando la lógica del poder político aplasta la ética y la verdad científica. La solución es un compromiso férreo con la deliberación, donde la validez de una ley no dependa de quién la grita más fuerte, sino de su capacidad de ser justificada racionalmente ante todos.

Para fortuna de la esperanza, y si en el trayecto no reaparece el fundador de la tesis de que dividió a un país entre fifís y no fifís, vivimos tal vez la última oportunidad para que un sueño de justicia no derive en todo lo contrario; con una mujer al mando del país, hay, repito, posibilidad de dar cabida a la esperanza.

Mil gracias, hasta el próximo lunes.

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