RETRATOS HABLADOS
Es 02 de octubre. Acaba de morir Gabino Palomares. Pareciera que los sueños simplemente se quedaron en eso, en sueños, en personajes que los denigraron, que hicieron creer a millones y millones, en un sistema social basado en la igualdad como algo posible y viable; y los primeros en cancelar esa posibilidad, porque resultaron igual a todos sus semejantes en la historia humana: soberbios, obsesionados por el poder, sin un solo gesto de arrepentimiento y ciertos de que la historia los habría de inmortalizar como los adalides de las libertades, los justicieros, los semidioses, cuando en realidad resultaron ser unos simples y comunes mortales, capaces de mentir y engañar.
Así que el 02 de octubre, el fallecimiento del autor de “La Maldición de la Malinche”, nos hablan fundamentalmente de la incapacidad del ser humano para vivir sin ideales, pero también de ser crédulo, inocente, y confiar en personajes rapaces, cínicos, capaces de llegar a tal desequilibrio mental, que sí, darían la vida pero no por los otros, sino por la inmortalidad e intemporalidad de su supuesto legado.
En tiempos que la tarea cotidiana de buena parte de los que habitan México, es simplemente sobrevivir a la violencia que se ha comido la tranquilidad de sus habitantes, el hecho constante y sonante, es que se honra a los jóvenes victimados un 02 de octubre, se les recuerda con amor y cariño, porque sin pedir nada, sin querer dirigir a nada ni a nadie, sacrificaron lo más importante que un ser humano puede tener: su vida, a cambio de que los demás, no los otros, tuvieran una mejor existencia. Pero toda esa tragedia fue utilizada, ya no por autoridades criminales, sino por los que se treparon a un movimiento y después institucionalizaron el dolor, el llanto, la tristeza ante la muerte.
Son otros tiempos. Lejanísimos. Y la pregunta casi siempre es la misma, por parte de quienes apostaron todo a un cambio que, sabían, jamás llegaría: ¿qué se ganó? ¿Quién ganó además de quién perdió?
Lo cierto es que perdieron los de siempre, los de antes, los de después. Ganaron los que nunca se van, porque son los que se enferman de poder, los que ya no dudan en su carácter se semidioses, en su paso franco a la historia, donde durarán 10, 20 o hasta 30 años, hasta que llegue otro igual a ellos, y los desaparezca de un plumazo, igual que ellos hicieron con los que los antecedieron.
Gabino Palomares evoca un mucho esa fiesta inocente de los jóvenes de esos tiempos, por buscar un cambio a toda costa, por descubrir con inteligencia, el por qué somos como somos, siempre ciertos que lo mejor está fuera de la patria, y quien llegue de otras latitudes habremos de recibirlo con honores y gloria.
Es decir que se cierran ciclos, sueños, porque nada ha cambiado, y para muchos de esos jóvenes, mujeres y hombres plenos de ideales, el tiempo ya se agota, y la realidad, la cruda realidad, es que en poco tiempo todo estará consumado, con o sin su beneplácito.
Y también en vísperas de este día, un nuevo libro del ex presidente López Obrador, “Pueblo”. Poco queda ya qué decir de un personaje como los que se describen en este texto, porque la historia es repetitiva, es decir vuelta a escribir por cada semidios que llega al poder y se sabe, al cien por ciento, al mil por ciento, el único que no solo modificó páginas en los textos históricos, sino en la vida real; la estampa de la justicia con personajes sonrientes, se transforma en la sombra de un nuevo principio, igual al que hoy recordamos, para acabar justamente con seres obnubilados, enajenados, y hacer que nazcan los que seguirán el mismo camino, el mismo destino.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.


