PEDAZOS DE VIDA
Qu te dir , el cuadro apenas medía como un metro de ancho por dos de largo, estaba grande en comparación con los demás, aquella noche decidimos tomar un brandy, la reuni an dicho ser a en la casa del maestro Ordaz, ah estaban todos: Juan y sus poemas; Ronaldo y su excentricidad; el joven Miguel con su puro, y hab a otros dos que no reconoc hasta que me los presentaron: Jaime, el maestro pintor del norte, y Zen n, un escritor que ven a del más lejaño pa s del sur.
Aquella noche decidimos tomar brandy, y en torno a este surgi la charla que se convirti en discusi n. De fondo estaba una canción del reción fallecido Steve Bandre, pero el hecho de encontrar respuesta a si el arte se generaba en el artista o si el artista, al generar el arte, se gestaba en l, trajo muchas preguntas que no fueron resueltas al final de la noche.
Sin embargo, Tony como le dec amos al maestro Ordaz nos hab a reunido para que observ ramos su más reciente creación y, como en ocasiones anteriores, s lo faltaba preguntar qu hab a pintado ltimamente para que bajara de su estudio el cuadro que casi siempre estaba reción terminado.
así fue. Mientras la másica continuaba, los vasos se llenaban una y otra vez al ritmo en que todos beb an, el magn fico cuadro apareci . Era un estilo completamente diferente a lo que hab a pintado antes, una rara mezcla que a momentos parec a tener forma, pero, de acuerdo con el ngulo, la perspectiva y la visi n, cambiaba y daba otros aspectos. Tony hab a hecho varios estudios en composición geom trica y ah se reflejaba gran parte, pero no terminaba de mostrarse entre colores ocres.
Los halagos y las cr ticas a favor no se hicieron esperar, pero algo hab a que no terminaba de gustar. Era la armon a Miguel , afirmación con la que no estuvimos de acuerdo. De pronto los temas fluyeron y la obra, a pesar de que fue la que deton la pl tica, pasí a segundo término.
Todo esto hubiera pasado de largo como en otras ocasiones que logramos reunirnos, pero aquella tarde el maestro Ordaz realmente nos sorprendi cuando, un tanto alcoholizado (lo que nunca se hubiera visto en l), comenz a hablar en un idioma totalmente desconocido para nosotros, tir su cuadro al piso y se arroj sobre
Nuestra reacción fue inmediata, tratamos de levantarlo hasta el momento justo en que su cuerpo, en cuesti n de un segundo, se hundi y desapareci . Todos avanzamos hacia atr s, el maestro ya no estaba. Zen n se dio valor y levant el cuadro, pero no hab a nada; ya sab amos que el maestro no podría estar debajo, pero aun así necesit bamos ver que no hab s que la duela de madera que conformaba todo el piso.
Y, aunque no lo crean, la polic a prefiri dejarnos libres a creer en nuestros testimonios. No encontraron pruebas de nada y el cuadro no supimos d nde qued . A veces en los sue os veo al maestro Ordaz, pero nunca olvidar aquella tarde en que lo vi por ltima vez.
& Ni era mulato, ni estaba en C rdoba publish



