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El fotoperiodista espa ol Gervasio S nchez ha cubierto decenas de guerras y sus consecuencias durante los ltimos 40 a os, y haberse centrado en buscar a las «v ctimas reales» del conflicto, como mutilados o desaparecidos, volviendo a ellas durante d cadas en sucesivos viajes a Centroam rica, frica o los Balcanes, le ha permitido encontrar un objetivo a lo que hac a y no terminar con «una depresi n de caballo».

S nchez no fotograf a y se va. Para l, contar las historias de las v ctimas de la guerra significa darles nombre, contar su evolución vital: las heridas por el impacto de una mina antipersona, pero tambi n la recuperación, la formación de una familia, los hijos, un despu s en ocasiones esperanzado.

Fue hace tres d cadas que se dio cuenta de «que era importante buscaRíotras situaciones», y aunque sigui cubriendo conflictos, tambi n fotograf a «una parte que casi nunca se cubre, que es la posguerra, las consecuencias de la guerra a largo plazo», dijo S nchez (1959, C rdoba) durante una visita reciente a Panam .

Este 21 de enero se cumplir n 30 a os del momento en el que vio c mo le cortaban la pierna a Sokheurm Man, un niño de 13 a os en Camboya que hab a resultado herido por una mina cuando se dirig a al colegio. S nchez sigue fotografiando a aquel adolescente que era consolado por su padre sobre una camilla y que ahora tiene dos hijos.

Otro pilar de su proyecto de largo recorrido ‘Vidas minadas’ es Adis Smajic, que en marzo se cumplir n 30 a os de cuando lo encontr en un hospital en Sarajevo «entre la vida y la muerte» tras manipular una mina, al que sigui luego en sucesivas cirug as de reconstrucción de rostro o en el nacimiento de sus hijos. O Sof a Elface Fumo, de Mozambique, cuyas piernas fueron cercenadas por una mina y que conoci con 13 a os. Ahora tiene cinco hijos.

«Creo que a m esta forma de trabajar, de buscar historias personalizadas, buscar a las v ctimas reales de la guerra que son siempre los civiles, me ha salvado de no haber ca do en una depresi n de caballo o haberme dejado arrastrar por el alcoholismo, la drogadicción o cosas parecidas, que a veces aparecen cuando no encuentras salida al trabajo que haces», explica S nchez, que considera a todas estas personas retratadas parte de su «familia universal».

na familia que se extiende a pa ses como El Salvador, Nicaragua, Colombia, Angola o Afganist n, y a los que regresa «para recordar al p blico que las consecuencias de la guerra son para siempre, que las guerrasíno acaban cuando lo dice Wikipedia, las guerrasíno acaban porque se firme un trozo de papel llamado paz, que la paz siempre es imperfecta y que casi siempre los mismos que han perdido las guerras son los que pierden las posguerras».

«De hecho, los que ganan la guerra son siempre los mismos, los que la hicieron y los que al acabar la guerra hacen los negocios de la paz», advierte el Premio Nacional de Fotograf a de 2009, que imparti un taller en el Centro Cultural de Espa a en la capital paname a «para entender qu significa el compromiso fotogr fico» y el desarrollo de una historia.

Desaparecidos, el duelo que no se cierra

Gervasio S nchez tambi n retrata la ausencia de los desaparecidos, en un proyecto hom nimo que comenz a idear en sus a os de universidad en Barcelona cuando colabor con Amnist a Internacional y le a los informes sobre violaciones a los derechos humanos en Centroam rica, sobre todo en Guatemala y El Salvador, prestando especial atención a las desapariciones forzosas, el «eterno problema, perenne problema, olvidado problema» de estas crisis.

«Los que son heridos en una guerra se curan, los que mueren se entierran, los que sufren estr s postraum tico o se curan o acaban en la locura, pero pasa con los desaparecidos?», se pregunta el fotoperiodista.

En los pa ses en los que ha trabajado en Am rica Latina -El Salvador, Guatemala, Colombia, Per , Chile y Argentina- «todavía hoy día se est n buscando a los desaparecidos», muchos de ellos ind genas, porque son «los sectores más endebles» y al no tener «fuerza de presi n, son olvidados».

O está tambi n el caso de Espa a y los ejecutados durante la guerra civil (1936-1939) y la inmediata posguerra, siendo los bisnietos los que contin an esa b squeda.

«Entonces, yo creo que es importante mostrarle al p blico que todo el mundo tiene derecho a tener a su ser querido enterrado en el lugar que l decida. Y quien tenga dudas que se ponga en el lugar de la v ctima. me gustar a que a mi hija la hubieran secuestrado, la hubieran asesinado, despu s de haberla violado y que no encontrara su cad ver? No, aunque encontrara su cad ver destrozado, querr a tener el cad ver suyo para poder enterrarle. Esto es lo que le pasa a todas las personas que buscan a sus desaparecidos», recuerda.

] Gervasio S nchez: «Buscar v ctimas reales de la guerra me evit una depresi n de caballo» publish

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