PIDO LA PALABRA
La mayor parte de la gente caminamos para donde el viento nos empuja, sorteamos el temporal y procuramos sobrevivir con lo que el día nos va dando; nos quejamos, pero por lo general nuestra desdicha la acreditamos a las circunstancias, culpamos a los demás y se nos olvida hacer un an lisis de nuestros actos y el consecuente cumplimiento de nuestra responsabilidad; somos hijos del temporal, y la suerte es nuestra gu a; y no nos damos cuenta que precisamente es nuestra suerte la que necesita mucha ayuda para hacer su trabajo, y esa ayuda, nosotros somos los nicos que podemos proporcion rsela.
Nos sumimos en nuestro duelo, el duelo por la muerte de un ser querido; el duelo por el abandono en que nos tiene otro ser querido; el duelo por la p rdida de un bien o una cosa querida; pero vivimos en un eterno duelo, el duelo del abandono de nosotros mismos.
Levantar la voz, para muchos es impensable; la flojera, la apat a, el miedo y la ignorancia, si hacen su chamba: nos paralizan, nos impiden ir más all de lo que el día y nuestro escaso esfuerzo nos da; queremos trabajar y sentimos que el trabajo nos lo deben ir a ofrecer hasta nuestra casa; los estudiantes pretenden aprobar las materias estando las horas pegados a las redes sociales, quiz pretendiendo que por smosis les llegue la inspiración en los ex menes.
Quiz por ello nos hemos convertido en una población que gustamos de ser guiados; quiz por ello, algunos simples mortales -el tuerto en tierra de ciegos- son elevados a rango de mes as; se les adora, se les venera, casi al punto de dar la vida por el gu a moral.
Siempre me he preguntado qu es lo que hace que una persona sea seguida por multitudes; la respuesta no tiene nada de simple, si acaso, un com n denominador, el miedo de las masas; el temor a hacerse cargo de su propio destino; el miedo a vencer nuestro propio miedo; por ello las masas requieren que alguien lo haga por ellos.
Pero es precisamente ese temor masificado el que le da la fuerza al l der, el que lo convierte en el mes as redentor, y l lo sabe, huele los miedos de la masa y los manipula, los usa a su favor; sabe que nadie osar levantar la voz en su contra, pues la falta de organización de las masas los convierte en materia f cil de controlar; pues si acaso hubiese alg n inconforme -que los hay por montones- pocos se atrever n a enfrentarse al l der, por el miedo de que nadie lo siga en contra del dictador; teme que lo dejen morir solo , y ante esa perspectiva, decide quedarse callado, no actuar, permitiendo que los liderazgos mesi nicos se perpet en.
Parte de los liderazgos mesi nicos es darle a sus seguidores pan y circo; tocar los puntos que el l der sabe ser n apoyados; y nuevamente, la desidia s trabaja en favor del l der.
Los l deres pretender n con cada uno de sus actos sacar beneficios, no para sus gremios, sino para sus intereses particulares, pero llevando como inocente carne de ca n a sus fieles, a sus c ndidos agremiados; y stos, con mansedumbre se dejan guiar hacia una lucha que los est a con día convirtiendo en más vulnerables. así pasa, así seguir pasando en tanto no nos sacudamos del marasmo en que nos tiene hundida nuestra indolencia.
No hay miedo más irracional que el que es producto de la ignorancia, y en este caso, ignoramos que el mejor momento para vencer el miedo es asumi ndolo, enfrentarlo, tomar el control de nuestro futuro, no esperar por flojera o desidia, que otro lo resuelva por nosotros, eso no existe.
La vida que conocemos es solo sta; el más all no sabemos de su existencia, es un improbable que tambi n ha servido como medio de manipulaci n; por ello, y como esta vida es la nica que conocemos, no la dejemos pasar en vano, dejar huella, trascender es parte de nuestra existencia.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito est .
Miedo de mi miedo publish

