PIDO LA PALABRA
La violencia en M xico es un espectro omnipresente que se manifiesta en cada rinc n del pa s, no es un fen meno aislado, sino un entramado complejo de factores sociales, políticos y econ micos que han gestado un entorno donde la inseguridad se ha convertido en la principal preocupación de la ciudadan a. Cada estado de la Rep blica Mexicaña enfrenta su propia versi n de esta crisis, pero todos comparten un denominador com n: el miedo creciente de una población que ha normalizado el terror como parte de su cotidianidad.
El paisaje de violencia en el pa s es tan diverso como sus regiones, en estados como Jalisco, Guanajuato y Michoac n, los enfrentamientos entre grupos criminales han dejado una estela de muerte y desolación, mientras que, en la Ciudad de M xico, la delincuencia com n y los homicidios han generado un clima de zozobra constante y las im genes que diariamente vemos a trav s de los medios de comunicación, nos dan la impresi n de que los buenos estamos perdiendo la batalla.
La percepción de inseguridad ha alcanzado niveles alarmantes, aunque las estad sticasínos insin en lo contrario, los ciudadanos tememos salir a la calle, usar el transporte p blico o simplemente realizar nuestras diarias actividades; la población se siente atrapada en un ciclo de impunidad donde la justicia es una quimera y la protección es solo una promesa vac a.
El fen meno de la violencia tambi n ha calado en la estructura social, afectando desde el n cleo familiar hasta las relaciones interpersonales. niños y j venes creciendo en un ambiente de hostilidad donde la agresi n es una respuesta natural ante la adversidad; j venes intentando deshacerse de sus hijos, ya que, en la desesperación de su irresponsabilidad, piensan que tirarlos en una bolsa es la mejor manera de evitar las consecuencias de sus actos. Esto nos indica lo importante de atacar a la violencia desde sus or genes, desde la familia, pues la guerra o la paz comienza por enseñar a los j venes a tender su cama; disciplina y l mites es lo que necesitamos.
La pol tica mexicaña tambi n se ha te ido de violencia a lo largo de la historia, la confrontación se ha convertido en la estrategia predilecta de muchos actores políticos, quienes, en su af n por el poder, han polarizado a la sociedad, fomentando el odio y la desconfianza. No olvidemos en el pasado proceso electoral los asesinatos de candidatos, el uso del discurso agresivo y la desinformaci n; la violencia pol tica no solo afecta a los actores involucrados, sino que debilita las instituciones y erosiona la confianza ciudadaña en el sistema.
En este contexto, los demonios de la violencia siguen sueltos, las estrategias para combatir la inseguridad han sido insuficientes, ya que mientras en algunos estados intentan implementar estrategias de prevención social, otros recurren a ignoraRío minimizar los efectos de la violencia que todos vemos, el cerrar los ojos ante lo evidente, no desaparece el problema, pero s los convierte en c mplices.
La confrontación, tanto en el mbito político como social, es un caldo de cultivo para el resentimiento y la radicalización, ya que cuando la ciudadan a se siente abandonada e insegura, hemos visto que es más propensa a recurrir a los linchamientos y la justicia por propia mano, siendo esto




