LAGUNA DE VOCES
Empieza a quedar muy poco de la antigua inteligencia dispuesta a todos los retos, y cada vez más, en un acto de arrepentimiento por adelantado, es sustituida la intrigante capacidad de mirar la realidad con ojos de curiosidad, por una insensible, que a duras penas puede parecerse a un humano que balbucea palabras, para ser aceptado en una sociedad cada vez más y más incapaz de reconocer su propio fin.
De alguna forma nos fuimos acostumbrando al dolor ajeno, a las miles de muertes causadas por especímenes amorfos, de ojos vidriosos llenos de odio, que salpicaban con su lamentable lenguaje a los inocentes que torturaban, partían a pedazos, y a veces reducían a polvo, para cumplir la amenaza religiosa de que acabaríamos así.
Abrazamos alguna esperanza de que este diminuto planeta en el inmenso universo, la mota de arena azul que fotografía la sonda Voyager, tuviera una historia diferente a la que parecía condenada, pero ha sido en vano, y no hay ser vivo más dado a la destrucción que el ser humano, y por eso productos repulsivos y absurdos como Trump, y decenas de pequeños dictadorzuelos en América Latina.
Han llegado profetas falsos, copias infames de aquel que caminó en el Mar de Galilea. Nos han engañado y dejado al país hundido en una espiral de violencia, de la que parece imposible se pueda salir. Creímos, porque hay necesidad de creer, que en todos los años que soñamos con un cambio, tal vez estábamos ante éste, pero fue en vano, fue un sueño que luego se hizo pesadilla.
Así que llegaremos a la edad de viejos sin ver cumplirse uno solo de los escenarios donde privaría la justicia, la justa necesidad de que, en una vida tan corta, no hubiera más abandonados al olvido, a la miseria absoluta. Así que ganará el tiempo y acabaremos por conformarnos, resignarnos sin ver nada, como no sea olvido y más olvido.
Se cumplirán las profecías, y no quedará ser humano alguno sobre la Tierra, cuando en ese sueño recurrente de que las máquinas se apoderaban de todo, un día cualquiera ya no les haremos falta y, si lo que tengan por corazón se conduele, nos hundan en un sueño eterno del que solo desapareceremos cuando lo crean conveniente.
Y lo cierto es que no pocos nos preguntamos si no desde el principio hemos estado en ese sueño, plagado de absurdos, de nunca comprender nada, como no sea que la luz se puede apagar en cualquier momento, cuando un circuito se queme y el borrado empieza de a poco, pero imparable, hasta dejar nada. Simplemente nada.
Mil gracias, hasta mañana.




