DES-prográmate y Ámate
El 14 de febrero suele hablarnos de amor, pero pocas veces nos invita a cuestionarlo. Entre flores, cenas y frases bonitas, se cuela una narrativa peligrosa: que amar implica aguantar, esperar y adaptarse, incluso cuando algo duele. Y desde ahí, muchas personas no se enamoran de alguien real, sino de la idea que construyeron de ese alguien.
Idealizar no es ingenuidad, es una estrategia emocional, es la forma que encuentra la mente para sostener vínculos que no alcanzaban a cubrir nuestras necesidades. Nos enamoramos del potencial, de lo que la persona podrá ser si sanara, si cambiara, si algún día nos eligiera como esperamos, y mientras tanto, la realidad queda en pausa.
Eso no sucede solo en relaciones de pareja, también ocurre en la amistad. Vínculos donde justificamos ausencias, incongruencias o falta de reciprocidad porque “no es mala persona” o “está pasando por un proceso”. Y sin darnos cuenta, seguimos siendo leales a una versión imaginaria del vínculo, no la que realmente existe.
Desde la psicología, la idealización suele estar ligada a heridas relacionales tempranas. Cuando el amor fue inconsistente, el sistema nervioso aprende a vivir en la espera, confundimos intensidad con conexión y ansiedad con amor. Esa sensación de montaña rusa emocional no siempre es pasión; muchas veces es una herida activada.
El problema no es amar, el problema es esperar. Esperar a que cambie, a que reaccione, a que algún día sea distinto, y mientras esperamos, nos vamos dejando a nosotros en segundo plano.
En terapia no buscamos “matar” el amor, sino quitar la fantasía que tapa el dolor. Cuando la idealización cae, no queda vacío, queda claridad. Y aunque al inicio duela, esa claridad libera y nos permite ver si estamos eligiendo desde la adultez o desde la necesidad.
El amor sano no se sostiene con sacrificio constante, se sostiene con presencia, responsabilidad emocional y coherencia entre lo que se dice y se hace. No todo vinculo que duele es profundo, no todo lo intenso es verdadero y no todo lo que cuesta vale la pena.
Tal vez este 14 de febrero no se trata de celebrar el amor romántico, sino de revisar desde dónde estás amando. Porque cuando dejamos de idealizar, no nos volvemos fríos, nos volvemos libres. Y desde ahí, el amor cambia.



