Lestudiantes del itesa colaboran con investigadores de mexico y lati…post
TIEMPO ESENCIAL (VI)
En la pasada entrega planteamos la necesidad de aclarar el prop sito al que apunta la filosof a, concluyendo que se trata de problematizar la realidad, de tal manera que nuestra mirada deje de verla como algo normal o natural, y comience a mostrarnos sus paradojas, desaf os y portentos.
Pero antes de concentrarnos en ese asunto, atenderemos uno más obvio y pr ctico, a saber: que solucionar cualquier problema demanda de recursos que nos permitan llevar a cabo nuestro prop sito. Y si nos preguntamos qu recursos son los más importantes para dedicarnos a la filosof a, lo más seguro es que pensemos, en primer lugar, en el talento, la inteligencia. Y en efecto, el cacumen es muy importante, pero podemos decir que no es nico ni exclusivo de la filosof a, pues otros saberes no le quedan a la zaga en la capacidad intelectual que demandan.
Desde los antiguos centros del saber hasta la poca actual, donde los centros universitarios de investigación forman a los especialistas más capacitados, la inteligencia se ha convertido en el requisito más importante de la educación. Sin embargo, ese af n por el talento ha terminado por disminuir el inter s de formar a quienes tal vez, sin poder considerarse como estrellas del intelecto, bien podrían beneficiarse del contacto con la filosof a y otros saberes.
Pero la realidad es así ya desde aquellos tiempos en que Salamanca -la universidad más antigua de Espa a y una de las más viejas de Europa-, advert a a quienes se acercaban con el nimo de ser aceptados como alumnos, no atreverse a pasar su entrada sin contar con la capacidad intelectual suficiente para aspirar a cursar en sus aulas, puesto que, como consigna su c lebre lema: Lo que natura no da, Salamanca no lo presta .
Pese a los avances pedag gicos actuales, la capacidad intelectual sigue manteni ndose como la principal exigencia en los sistemas escolarizados, no solo profesionales sino hasta en los b sicos; donde los niños y adolescentes tienen que acumular cada vez más saberes, que no solo les demandan una gran exigencia intelectual, sino un esfuerzo enorme que no siempre corresponde a lo complicado de sus estudios, sino a normas, actitudes y costumbres escolares que, lejos de impulsar el amor por el estudio, lo vuelven una tortura cuyos efectos negativos perduran en los educandos a veces por toda la vida.
La escuela no es siempre el mejor lugar de aprendizaje; tanto así que el escritor Mark Twain, lleg a decir: nunca permit que la escuela interviniera en mi educaci .
Desafortunadamente, como hemos dicho, ni la propia filosof a ha escapado a esa exigencia escolar. Pero si en todas las demás profesiones pudiera justificarse la prioridad del talento sobre cualquieRíotra capacidad, no lo deber a ser en la enseñanza de la filosof nico saber d nde la amistad (phil a), antecede en prioridadíal saber racional (logos); lo que nos hace ver que ella es, antes que nada, un deseo amoroso por el saber (sof a) y s lo por ese deseo es que adviene la inteligencia que requiere; de lo que se infiere, que si bien la inteligencia es recurso indispensable, la prioridad del acto filos fico se encuentra en el deseo amoroso y el placer que lo acompa a.
Esta caracter stica esencial de la filosof a, donde el sentimiento amoroso es más importante que la capacidad intelectual, constituye una verdadera paradoja; pues para la vida pr ctica no puede ser valioso un conocimiento que no proporcione beneficios tangibles, siendo sta argumentaci n el motivo principal del rechazo o mala fama de la filosof a en la educación utilitarista que domina nuestros tiempos.
Socialmente, un sistema de vida como el actual -basado en la producción y el consumo intenso y masivo de bienes y servicios-, requiere de individuos abstra dos de cualquieRíocupación que implique una p rdida de tiempo, para una poca convencida de que el tiempo es dinero ; lo que resulta, por un lado, en la desvalorización de toda ocupación que no responda a esa l gica y, poRíotro lado, en la importancia que se le da al tiempo productivo, a costa del tiempo libre.
Finalmente, en lo que tanto el saber productivo como el saber filos fico est n de acuerdo es que, efectivamente, el tiempo es oro. Pero si para el inter s pr ctico ese metal simboliza el beneficio material obtenido de administrar convenientemente nuestro tiempo y el de quienes nos beneficien, desde la mirada filos fica el oro significar a que el mayor tesoro de la vida es el tiempo, y la mayor ganancia, la conciencia de c mo hemos de aprovecharlo para comprender la realidad a nosotros mismos, a fin de vivir una vida digna de ser vivida.
Y ste prop sito nos orienta a la necesidad de hacer presente en nuestras vidas a la filosof a, y saber qu tiempo nos reclama, nuestro Tiempo Esencial.
Pero no está por demás, estimado lector que, abusando del tuyo, te enteres un poco de lo que dice S neca acerca de ese tiempo al que nos referimos, con cuyas palabras cerramos sta reflexi n; no sin antes insistir a todos, a que nos escriban, dando a conocer sus esfuerzos personales o grupales, para hacer presente la filosof a en nuestra casa Hidalgogoguense, cuya habitación se encuentra hasta ahora envuelta en penumbras. Dice S neca:
Obra as , querido Lucilio: reivindica para ti la posesi n de ti mismo, y el tiempo que hasta ahora se te arrebataba, se te sustra a o se te escapaba, recup ralo o cons rvalo. Persu dete de que esto es tal como escribo: unos tiempos se nos arrebatan, otros se nos sustraen y otros se nos escapan. Sin embargo, la más reprensible es la p rdida que se produce por la negligencia. Y si quieres poner atención, te dar s cuenta de que una gran parte de la existencia se nos escapa obrando mal, la mayor parte estando inactivos, toda ella obrando cosas distintas de las que debemos [ ] Todo, Lucilio, es ajeno a nosotros, tan s lo el tiempo es nuestro: la naturaleza nos ha dado la posesi n de este nico bien fugaz y deleznable, del cual nos despoja cualquiera que lo desea.Lo que exige la filosof publish


