RELATOS DE VIDA
El dolor de cabeza no paraba, llevaba alrededor de un mes con el malestar, y en algunos momentos cubría la nuca, la frente y las sienes, y se extendía hasta el cuello, los hombros y la espalda.
Al principio pensó que era por haber dormido chueca, después creyó que la razón era el frío que en más de 30 días se había registrado, luego se lo atribuyó al cansancio y a los muchos pendientes que le quedaban en la casa y le causaban estrés, pero al solventar todas las razones, no hubo mejoría en la sensación.
Las soluciones que implementó para los achaques abarcaron desde remedios caseros con tés de diferentes hierbas, olores y sabores; pastillas para el dolor de cabeza, migraña, dolores musculares y también articulares y algunas vitaminas; también pasó por la aromaterapia y la limpia recurrente con huevo, pero los cambios eran inexistentes.
Durante el día, disfrazaba la molestia ante los demás y continuaba con su vida normal, pero el ocuparse un poco le ayudaba a olvidar la molestia que no cedía y se endurecía, hasta que finalmente acudió a revisión médica, aunque tampoco le sirvió pues el tratamiento era el mismo que se había automedicado.
Harta de la situación tomó la última alternativa, una limpia con una curandera que desde hace tiempo le habían recomendado; la sesión duró una hora, tiempo en el que le untaron aceite, rezaron, limpiaron con ruda y pirul, mientras quemaban copal.
Al término le indicaron que al llegar a su casa debía prender una veladora, rezar un Padre Nuestro, Tres Ave Marías, dejar un vaso con agua y un platito con sal con forma de cruz; para ella el resultado fue milagroso, el dolor había desaparecido, estaba agradecida y feliz, su alma había regresado al cuerpo, pero fue tanto el cansancio de la sesión que se quedó dormida y olvidó aplicar lo ordenado.
Al día siguiente ya no vio la luz, el ente que se había encarnado en ella y que por fin había salido, regresó por el alma que había regresado a su lugar, y todo por no haber sellado la limpieza con el ritual de protección, para alejarlo definitivamente.




