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TIEMPO ESENCIAL (II)
La primera entrega de Tiempo Esencial, intent responder a la pregunta sobre la posible existencia de una filosof a Hidalgogoguense, con la que iniciamos la tarea de sta columna.
La respuesta qued pendiente, pues ni las autoridades estatales, ni las instituciones que deber an explicar las causas que les impide impartir la carrera, ni aquellos Hidalgogoguenses que hipoticamente la cultivan por su propia cuenta, respondieron a nuestra petición.
Para atenuar esa indolencia, hemos de explicar las causas por las que la filosof a no ha echado ra ces en nuestro terru o, tomando en cuenta las circunstancias hist ricas, culturales y de otra ndole, para explicar las razones por las que florece o no la filosof a en ciertos lugares, como lo hicieron algunos fil sofos famosos del pasado.
Como ejemplo tenemos a Jos Ortega y Gasset, quien atribuy la pobreza filos fica de la Espa a de su tiempo al carácter de sus habitantes, poco inclinados a la reflexi n profunda y sistem tica de las ideas; o al fil sofo Martin Heidegger, quien, por el contrario, lleg a pensar que s lo el pueblo griego en la antig edad y el alem n en los tiempos modernos, pose an las capacidades suficientes para pensar filos ficamente.
No obstante, Ortega y Gasset consideraba, en la m lebre de sus frases que Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo ; por lo que todos los seres humanos debemos, en principio, desarrollar una filosof a que responda a su propia realidad; pues como cualquier comunidad o individuo, somos producto de ella, y s lo con su atención y cuidado podemos superar las limitaciones que las circunstanciasínos imponen.
No han sido menos influyentes en la historia de la filosof a en nuestro medio, las descalificaciones a la capacidad intelectual y moral de nuestros pueblos y culturas; expresadas desde la perspectiva de la cultura dominante, que compara nuestro grado de desarrollo intelectual con el de lasínaciones europeas o angloamericanas.
Lo que ellasíno explican, es que el grado de desarrollo de lasínaciones dominadas poRíoccidente, no son sino la manifestación de una realidad que comparten y determinan a ste con ellas, y que las diferencias del saber y el poder, son producto de una relación de poderes materiales y espirituales que no se han desarrollado equitativamente, sino a conveniencia de los poderes dominantes.
La filosof a en nuestro continente y la mexicaña en particular, surge originariamente bajo el signo de la dependencia: primero, de la filosof a escol stica heredada por Espa a; más tarde, de la filosof a moderna de la Europa protestante y burguesa y sus m ltiples secuelas contempor neas.
Y si bien durante su gestación como nación no faltaron intelectuales l cidos que dieron muestras de pensar filos ficamente por cuenta propia, no fue sino hasta el siglo XX cuando surgen los primeros intentos sistem ticos por construir una filosof a mexicana, como fruto intelectual de nuestras experiencias y reflexiones hist ricas; buscando respuestas a las interrogantes más acuciosas sobre la esencia de lo mexicano, y su distinción de otras formas de pensar, sentir y hacer en el resto del mundo.
Coincidiendo con las conmociones sociales, pol ticas y del pensamiento del siglo XX, la filosof a mexicaña alcanz la conciencia de su identidad tras la Revolución Mexicaña (1910-1920), distingui ndose como una tradición filos fica que no solo se cultiv en las aulas universitarias, sino por igual en los campos de la cultura, el arte y el debate p blico; en los que actu como motor intelectual de una sociedad vida de encontrar su propia identidad, y crear una realidad más justa y libre.
Con la fundación de la Facultad de filosof a y letras (1924), M xico experimenta un renacimiento de la filosof a con la presencia de pensadores de todas las tradiciones y corrientes filos ficas de aquellos tiempos, quienes encontraron un espacio de libertad poco com n en otrasínaciones; pues basta recordar el rechazo de los reg menes autoritarios de Alemania, Italia, Espa a y hasta en los Estados Unidos a las filosof as materialistas, o de los reg menes socialistas a la filosof a idealista, y a n el cierre de la carrera en diversos pa ses de Am rica Latina a lo largo del siglo XX.
Sin embargo, a partir de los a os sesenta y por efecto de los movimientos sociales y estudiantiles en su contra, el estado mexicaño adopta una actitudíautoritaria frente a los estudios human sticos, propiciando la radicalización pol tica de algunos de sus integrantes y auspiciando la agresi n contra las facultades de filosof a, literatura y ciencias sociales en diversas universidades.
En la d cada de los ochenta, el paradigma nacionalista del estado mexicaño deriva hacia el paradigma postmoderno, que impacta al campo filos fico con el pensamiento pragm tico-utilitarista; y la filosof a acad mica toma distancia de los problemas existenciales y los grandes relatos metaf sicos del pasado, ante la irrupción de giros filos ficos del lenguaje, de la acción pragm tico-comunicativa o la complejidad y otros que, si bien brindaron mayor rigor a su ejercicio, la alejaron de las calles, las plazas, las pasiones pol ticas y los problemas cotidianos del hombre com n y corriente.
Pero frente a todos estos acontecimientos y vicisitudes, la casa Hidalgogoguense permaneci ajena, en silencio, con la luz apagada y las puertas cerradas; como si a los veinte mil y pico de kil metros cuadrados que conforman su territorio, los rodeara una muralla virtual montada deliberadamente para separar a sus habitantes de su influencia; limit ndose a tomar contacto con la filosof a, s lo como un elemento pedag gico más; necesario para complementar la educaci cient fica de bachilleres o profesionistas, y no como un campo de conocimiento aut nomo por derecho propio; alej ndola así a lasínuevas generaciones de su formación integral y margin ndola del di logo p blico.
Saber un poco más de esa historia de olvido, nos permitir tomar en serio la ausencia de la filosof a en Hidalgo y nuestra propia indolencia ante ella, como primer paso para tomar consciencia de la par lisis intelectual en la que nuestra sociedad ha vivido, al permitir la normalización de discursos dogm ticos e ideol gicos sedimentados a lo largo de los a os en el imaginario colectivo, hasta convertirlos en estructuras de sentido y significado del mundo y la vida tan petrificados, que hemos terminado por considerarlas como parte del ser Hidalgogoguense, indiferentes a sus efectos nocivos sobre nuestro pensar, sentir y actuar cotidianos.
Ojal que stas reflexiones puedan contribuir a vislumbrar las causas por las que hemos sido tan poco dados al pensar filos fico y, menos a n, para ejercerlo p blicamente. Los Hidalgogoguenses no carecemos de capacidades para su pr ctica y es seguro que entre nosotros, hay quienes pueden orientar a los interesados en ella impulsando las vocaciones que permitan desarrollar sus potencialidades; especialmente entre los niños y j venes, pero no menos en adultos y ancianos, pues nunca es tarde para comenzar a filosofar.
Bajo esas premisas, estamos seguros que podemos encontrar una respuesta a la pregunta inicialmente planteada: existe una filosof a Hidalgogoguense?; pues su negación inmediata no cancela la posibilidad de su futura presencia; antes bien, reconociendo su ausencia como una relevante falta a la raz n, la libertad, la vida del esp ritu y el bien com n, es como puede nacer en nosotros la voluntad y la exigencia de lograr su reparo inmediato. S lo cayendo en la cuenta del tama o de la falta podr surgir la respuesta colectiva que haga presente a la filosof a en Hidalgo.
TIEMPO ESENCIAL , COLUMNA DE MIGUEL ángel SERNA ALC NTARA. TEXTO REVISADO PARA SU EDIción, DE LA VERSI N PUBLICADA EN EL DIARIO PLAZA JU REZ, A O 12, NO. 4587, Tiempo Esencial (II) , del lunes 16 de OCTUBRE de 2017/REVISI N: M.A.S.; 260722/ Reedici n: Plaza Ju rez, Lunes 29 de julio de 2024.
‘ Reconocer la ausencia, reparar el da publish



