Bantonio banderas el exito puede ser una enfermedad algo patologico…post
POR EL DERECHO A EXISTIR
En el escenario p blico, muchos servidores p blicos proyectan una imagen de liderazgo, empat a y compromiso con el bienestar social. Sin embargo, detr s de la máscara carism tica y la responsabilidad, una realidad escalofriante puede estar presente: la violencia familiar.
Es inaceptable que aquellos que juraron servir y proteger a la ciudadan a alberguen en su interior la capacidad de infligir dolor y abuso a sus propios seres queridos. La violencia familiaRío en el noviazgo, sin importar el estatus social o la profesi n, es un crimen deplorable que deja cicatrices profundas en las v ctimas.
Lamentablemente, la violencia que involucra a servidores p blicos suele quedaRíoculta bajo un velo de verg enza y miedo. Las v ctimas, muchas veces en situación de dependencia econ mica o emocional, son silenciadas por las represalias que temen y por la imagen intachable que el agresor proyecta en el exterioRío por aquellas influencias que suelen presumir.
Es crucial romper este silencio y generar espacios seguros para que las v ctimas denuncien. Las autoridades deben dejar de ser c mplices, aunque sean personas que ostenten sus propios colores ideol gicos, e implementar protocolos espec ficos para atender estos casos, garantizando la protección de las v ctimas y la aplicación de la justicia de manera ejemplar.
La sociedad en su conjunto tambi n tiene un papel fundamental. Debemos dejar de lado la estigmatización y el silencio c mplice. Debemos creer a las v ctimas, apoyarlas y acompa arlas en su camino hacia la sanación y la justicia, más cuando su camino ser en s mismo una batalla constante.
Recordemos que la violencia familiar nunca es un «asunto privado». Es una lacra social que exige una respuesta contundente y comprometida. Solo mediante la denuncia, el apoyo y la acción colectiva podemos erradicar esta terrible realidad y garantizar que ning n hogar sea escenario de abuso y dolor.
No permitamos que la máscara del carisma oculte la violencia. Denunciemos, apoyemos y exijamos justicia. Que la promesa de vida libre de violencia que pregonan en las campa as los partidos políticos, los díasínaranjas y todas las poses que tienen los famosos aliados se constituyan en una realidad, que las mujeres y ni as, no tengan miedo.
Cabe destacar que esta columna se escribe pensando en una v ctima, a manos de quien pronto ostentar el cargo de regidor y cubre sus hechos con el manto de la protección de la c pula del poder. Compa eras, recuerden que no est n solas.
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