Espejos de la realidad
Para que cuando ahora sí nos abracen fuerte, sepamos que no aprendieron tarde, solo aprendieron distinto
“Pero sobre todo, abrácense muy fuerte”, dice la última parte de la canción de Juan Gabriel. La canción absorbe todas las paredes. De la nada, las sillas reclinables empiezan a mecerse, acercándose unas a otras. Los cuadros tiemblan como huasteco atolondrado por el frío (ese donde son 17 grados y se pegan a tomar café) tiemblan para no quedarse solos.
Dicen algunas de mis tías que el abrazo, el beso, el apapacho no era a lo que estaban acostumbradas. Bastaban dos, tres palabras. Un “tranquila, mija”. Y se seguía pa’ lante, como siempre una debe hacerlo.
Aunque yo he visto cómo mi tía Silvia acaricia el bocol antes de ponerlo al comal, le da pequeñas palmaditas, como cuando a un niño le dan en la espalda para evitar que se empache. He visto a mi tía Isabel cuando maquilla las pestañas con paciencia para evitar que estas se apelmazaran. Entendí desde bien niña que hay mujeres que aprendieron a amar sin decirlo. Aunque ayer, mi tía Martha me dejó espacio en el café porque sabe que lo tomo con un chorrito de leche . Tía Marcela me dice: “te traje un detallito, Marianita”: unos calcetines, unos chocolates, una falda que era de ella pero que ahora es de mi estilo. Tía Mappy, la vez pasada, me dijo que qué bonito tenía mi cabello, que no lo pintara, que no le hiciera nada, que así estaba bien; después me lo acomodó detrás de la oreja.
Y como es de bandida la vida, que nosotras queremos decirlo todo.
Tal vez por eso me da por narrar. Porque un día el cine de mi abuelo ya no es cine y ahora es una cancha de pádel, y nadie parece recordar que ahí se besaron por primera vez, o que alguien lloró en la última de las sillas.
Me dijeron una vez que hay que crear archivos digitales de los lugares que ya no existen. Me pregunto ¿dónde se archiva la manera en que mi mamá grita escandalósamente por la casa, o cuando dice sus puntadas porque la ocurrencia nació cuando nació ella? ¿Quién guarda el modo en que dice: “Marianita, te traje la Coca Light que querías”, cuando en realidad está diciendo “te quiero”?
Quiero hacer eso.
Narrar, narrarlas a ellas, para que no se pierda.
Para que cuando ahora sí nos abracen fuerte, sepamos que no aprendieron tarde, solo aprendieron distinto.





