ESPEJOS DE LA REALIDAD
Cuando abrió la puerta, los ojos no ocultaban lo que sentía. De lo que me contaban, Menita era fan de su sopa de pasta, la que comía en un plato chiquito. Se llenaba con muy poco. En su vida, que abarcó 89 años, recientemente cumplidos, vio nacer a sus hijos y a sus bisnietos, a quienes amó profundamente, entre ellos Valentina, la niña “bojutla”. Esa niña, que cuando iba a jugar en la gran casa llena de recuerdos, no podía pronunciar bien el pueblo de su abuela materna.
Lo recuerdo, cómo cada rincón de su casa estaba impregnado de historias, de esas que se cuentan sin prisa, de las que se quedan grabadas en la memoria sin que uno se dé cuenta. Menita tenía una cualidad que muy pocas personas tienen: transmitía enseñanzas sin la necesidad de que te lo dijera directamente. Nos enseñaba a valorar lo que tenemos, a mirar alrededor y ver lo que realmente importa. A ser como ella, que se alegraba con lo que el día le daba.
Cuando mi hermana abrió la puerta para avisarme que había fallecido, la primera imagen que vino a mi mente fue la de la niña de los grandes ojos. A ti, Vale bebé, que eres parte de esa historia, te dejo estas preguntas: ¿Qué realmente es aprovechar la vida? ¿Qué significa vivir de verdad? Una vez alguien me dijo que, en la vida existen tres milagros: la pomada de la campana, la regla de tres y la sopa de pasta. Me quedé pensando en eso, y es que, si algo supo hacer tu bisabuela fue encontrar sabiduría en lo más simple y también en lo que damos por sentado. Ella, como pocos, entendió que aprovechar la vida es sentarse con alguien, preguntarles cómo se encuentran, darles un pan dulce acompañado de una taza de café y hablar hasta que la tarde se va y el sol empieza a esconderse.
En su casa, la puerta siempre estaba abierta, Valentina. Lo que aprendiste (aprendimos) de ella se quedará para siempre. Tu bisabuela te mostró que la vida no se mide por lo que conseguimos, sino por cómo compartimos lo que tenemos, por la atención que damos a los demás y por los momentos que detenemos para disfrutar juntos.
Esto que te duele tanto, es el amor en su forma más pura. Eso que sientes, es ella en ti. Aprende a sentir la magia de lo que te regala el instante, a abrazar lo que tienes frente a ti. Aquí, toda tu familia estará para ti, para sostenerte cuando la realidad se vuelva demasiado pesada. Y cada vez que sientas que la distancia te separa de ella, toma un momento para ti, prepara la sopa de pasta que tanto le gustaba y saboreala con calma.