RELATOS DE VIDA
No podía quitarle la mirada de encima, la miraba de un lado a otro, imaginando lo bien que se sentir a tenerla dentro de la boca. Tan solo pensarlo, activaba las gl ndulas salivales y sent mo se le escurr a un poco por la comisura de los labios.
Trataba de no desearla tanto, y buscaba distraerse para no regresar la mirada, y que el deseo de tenerla y poseerla se alejara de su mente, y que cada uno de los vellos de su cuerpo, calmaran el instinto de lanzarse y darle un buen mordisco.
Era tan grande la tensi n, que el est mago se uni a las ansias de tenerla, comenz a gru ir como si se estuviera preparando para una guerra de instintos salvajes, casi carnales, para lograr algo que pareciera era inalcanzable y que lo hac s deseado.
Finalmente ya no pudo más, como si fuera un cazador esperando a su presa, aguard el momento justo para lanzarse, mientras salivaba con ansiedad por tenerla entre la lengua, dientes y paladar.
En un instante de arrebato, estir
la maño salvajemente y tom
del plato del centro de la mesa, la
ltima quesadillas de flor de calabaza, la huerfanita que todos anhelaban tomar, masticar y digerir, aunque tambi
n todos se limitaron a tomar por pena de verse avorazados.




