Pido la palabra
Hay gente que ha dejado una huella profunda en nuestras vidas, tanto por el bien que nos hicieron como por el daño que algunos infligieron en nosotros; gente que el tiempo se encargó de quitar de nuestras vidas, dejando atrás historias mutiladas abruptamente.
¿Qué habrá sido de tantos amigos y amigas que conocimos?; muchas veces nuestro pensamiento vuela hacia el pasado y viene a nuestra mente la única imagen que de ellos queda en nosotros; caras bonitas, llenas de una mezcla de malicia e ingenuidad y que tanto nos agradaban; jóvenes que hoy ya no lo son tanto, pero que, a fuerza de no verlos nunca más, no tenemos otra imagen más que aquella que nos quedó grabada de nuestras noches de juerga.
Algunos solo fueron aves de paso, pronto pasaron a ser historia y ni de sus nombres nos acordamos; a otros en cambio, por siempre los llevaremos en el corazón, vivimos tantas cosas juntos que sería imposible olvidarlos, no obstante que el tiempo haya abierto aún más la brecha de nuestra distancia.
Muchos rincones de Pachuca son mudos testigos de esa entrañable amistad y a veces en un arranque de nostalgia, ocasionalmente los recorremos, esperando que esa evocación del recuerdo nos calme tantos años de ansias frustradas.
Tal vez alguna tarde habremos cruzado nuestros caminos y no nos reconocimos; las arrugas no solo se encuentran en la piel, también en la memoria el tiempo ha hecho sus estragos.
Hoy vivimos una nueva historia, pues tampoco es sano quedarnos en el pasado; cada día habremos de dar un nuevo paso que mañana será una nueva oportunidad para recordar; pero la historia que ahora escribimos ya está llena de esa experiencia que nos indica que no debemos dejar escapar todas esas cosas bellas que la vida nos regala; gocemos de nuestro presente para que en nuestro futuro no tengamos nuevamente que sentirnos culpables de ese pasado que no supimos valorar y que hoy, como muchos de mi generación, seguramente nos lamentamos por haber dejado ir a gente de auténtica valía.
Al final, la vida es un ir y venir de encuentros y despedidas, de memorias que se transforman en lecciones y de nostalgias que nos recuerdan quiénes fuimos; lo importante es reconocer que cada persona que pasó por nuestro camino dejó una semilla, y que esas huellas, aunque a veces invisibles, siguen marcando nuestra manera de vivir y de sentir.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.




