RETRATOS HABLADOS
Son muchos los aspectos que deben ser analizados ante la noticia sobre la caída y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sin duda la organización criminal más sanguinaria y violenta que haya existido en nuestro país, y que había llegado a convertirse en un verdadero ejército que no dudaba en enfrentar a las Fuerzas Armadas de México.
Un aspecto vital, es que, apenas conocida la noticia, se registró una proliferación exagerada de información falsa, junto con fotografías y videos generados por inteligencia artificial, donde se observaba, por ejemplo, una ciudad como Puerto Vallarta en llamas, como si hubieras dio presa de un bombardeo.
Ahí no paró este tipo de acciones, que nada tienen que ver con un ejercicio real de periodismo, y sí en cambio con el crecimiento brutal de “sitios informativos”, manejados de manera irresponsable, y no pocas veces con intenciones criminales, o producto de la ignorancia, siempre atrevida, que no duda en usar la estrategia que sea necesaria, para ganarse seguidores o “likes”.
Nos topamos, de plano, con reportes inventados de principio a fin, ilustrados con material fotográfico del mismo tipo, sustentados en información no solo no comprobada, sino copiada de otros portales que también habían mentido desde el primer momento. Es decir, se generó una cadena de mentiras que parecía nadie podría detener.
Otro aspecto fundamental, es la responsabilidad de quienes ejercemos el periodismo para insistir que el criminal abatido era eso: un criminal, que nunca dudó en ordenar secuestros, torturas y asesinatos, ya no solo de sus enemigos, sino de ciudadanos que tuvieron la desgracia de estorbar en sus ambiciones.
No se trata de un personaje de película, casi en el nivel de Chucho “El Roto”, que robaba a ricos para ayudar a los pobres. No, el difunto comandó el cártel delincuencial que hoy mismo extorsiona a simples comerciantes, que secuestra a jovencitos para meterlos por la fuerza a su servicio, que priva vidas al por mayor, que seguramente habrá salvado cadenas perpetuas en Estados Unidos en una cárcel de máxima seguridad, pero no la cadena eterna en ese lugar donde, deseamos, paguen la maldad que esparcieron durante su existencia.
Otro aspecto: México necesita como nunca de acciones que permitan recuperar la confianza en las autoridades encargadas de la seguridad de sus habitantes. Luego de un sexenio perdido, que implementó una estrategia absurda para atender la situación, llegamos a un momento crítico, en el que, a la par de una corrupción brutal en la materia, simplemente no había otro camino que enfrentar con todo al crimen organizado.
Por supuesto cundirán las interpretaciones, preocupará lo que viene con una bestia descabezada, pero a la que le surgirán decenas y hasta cientos de nuevos líderes; se insistirá que un criminal de su tipo, convenía más en calidad de difunto. Lo que usted mande y ordene, pero estamos ante un primer golpe brutal no solo a la delincuencia organizada, sino al poder político que lo amparó por mucho tiempo, y estaba seguro que la presidenta Sheinbaum no tomaría la decisión definitiva para enfrentarlo.
Y por último: el gobierno de la jefa de la nación, con esta acción, decidida por ella en todo el sentido de la palabra, deja en claro que, así lo deseamos de corazón, es su momento, es su gobierno y su administración la que manda y no aquellos que se beneficiaron con darles abrazos. Que proseguir con la idea de que “todo estaba bien”, le habrá funcionado a otro, pero no a ella, y que la verdad, por dramática que sea, siempre se impone.
Porque negar lo evidente en un país desangrado, fue táctica de políticos irresponsables. No de ella.
Que sea para bien del país.
Mil gracias, hasta mañana.





