POR EL DERECHO A EXISTIR
En la UAEH, como en otras universidades, las Ciencias Pol ticas parten de la teor a del Estado, se problematiza la representación, se estudian ideolog as como si fueran objetos herm ticos, inamovibles, Sartori, Duverger, Almond y Verba, ya un poquito para vernos pro, señalamos a Hannah Arendt que es de las pocas autoras que se revisan en el rea. La mirada de la Ciencia Pol tica, por lo menos en la UAEH es patriarcal. Fuera del aula, el poder no solo se vota ni se firma: tambi n se canta, se grita, se baila. La másica es pol tica en forma de sonido, y cada ritmo, nos dice algo de qui n manda, qui n resiste y qui n sue a.
Los corridos tumbados, son hoy epicentro de un debate que va más all de lo musical. Se les acusa de glorificar la violencia, y no sin raz n: las letras exaltan la violencia, a la muerte como destino heroico, al dinero r pido. Pero si estos corridos son una apolog a, tambi n son una cr nica. Reflejan un entorno donde el Estado ve desdibujada su presencia, y donde el » xito» se alcanza con balas en lugar de diplomas. Las y los cient ficos sociales no podemos ignorar eso. Hay que leer esta másica como s ntoma: si las juventudes, ni as, niños y adolescentes corean estas letras, es porque no ven otra narrativa posible en su horizonte inmediato.
Sin embargo, no todos los corridos nacen del plomo. Est n tambi n esos viejos corridos revolucionarios, los que contaban gestas populares y hac an del pueblo el protagonista. No eran solo canciones: eran anecdotarios vivos de los distintos episodios del día a día, instrumentos para contar la historia no oficial. Las polcas del norte, tambi n fueron formas de decir: estamos . Ritmos que cruzaban clases sociales, que serv an tanto para la fiesta como para la identidad.
Y luego est n los ritmos que desataron incomodidad desde otros frentes. La lambada en su momento fue vista con sospecha moral por su sensualidad desbordante. Y qu decir de Locom a, con sus abanicos, sus hombreras exageradas y su estica queer en un mundo a n conservador? Fueron en realidadíactos de ruptura, expresiones que desafiaban el g nero, el cuerpo y la norma. Ritmos que abr an grietas en lo establecido.
La másica siempre ha sido terreno de disputa. Desde las canciones de Silvio Rodr guez el necio que burlaba la censura con met foras afiladas, hasta la voz de Mercedes Sosa a la que la guerra no le era indiferente, cantando por los que nadie escuchaba. V ctor Jara muri con los dedos rotos, pero su canto por el derecho de vivir en paz sigue intacto. Estas canciones no solo nos cuentan la historia: la moldean. Nos recuerdan que el arte puede ser la llave de la memoria.
Y sin embargo, hasta las grandes obras musicales pueden estar atravesadas por la violencia o la misoginia. Desde peras cl sicas hasta el rock más venerado. Por eso, no se trata de señalar solo al reguet n o al corrido actual como problem ticos. Se trata de mirar con profundidad. De reconocer que cada ritmo lleva consigo una construcción del mundo.
La másica es instrumento de poder, s . Pero tambi n es escape, consuelo, trinchera, espejo. n nos salvar de la rutina, del cinismo, de la injusticia cotidiana, si no es el arte? No se trata de cancelar ritmos ni de purificar g neros. Se trata de escuchar, con o do cr tico y coraz n abierto. Porque en cada bajo, en cada verso, en cada voz que se alza hay un mundo que pide ser comprendido.
Ritmo, poder y memoria publish



