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martes, marzo 10, 2026

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TIEMPO ESENCIAL (I)

(*Hace unos días, el maestro Serna Alc ntara, me dijo que era necesario retomar la elaboración de sus textos sobre filosof a, pero una filosof a con profundas ra ces en el Estado de Hidalgo, a partir de los cl sicos. Le dije que hace falta un libro sobre el tema. Se anim a llevar a cabo una revisi n a fondo de los primeros escritos ya publicados, y continuarlos hasta tener material suficiente para darle vida no solo en papel, sino en el mundo digital. Todos los lunes el maestro Miguel ángel estar con nosotros. Le pido que lo lea, con la certeza que estamos ante uno de los pensadores m cidos de nuestra tierra)

Tal vez la pregunta que encabeza el primer n mero de nuestra columna Tiempo Esencial, parezca intrascendente a quienes conocen el estado en que se encuentra la filosof a en Hidalgo. Pero no se trata de una broma, sino de una preocupación que ha terminado por imponerme un desaf o al que no puedo renunciar tan f cilmente: hacer que ella se haga presente en el tiempo y espacio donde me ha tocado vivir y reflexionar.   

Y es por esa circunstancia por la que hemos de comenzar nuestra tarea; porque en materia filos fica todo pensar se inicia donde la realidad deja de parecer normal y comprensible revel ndose como extra a, desconcertante y problem tica. Y eso es lo que nos sucede al intentar dar raz n de lo que pasa con la filosof a en Hidalgo, pues lo primero que caemos en cuenta es que, sencillamente, ella no está presente entre nosotros.

Esta situación tendr a que sorprender a quienes tienen alguna forma de relación con la filosof a en nuestra entidad; primero que nadie, los fil sofos que existan o subsistan en su suelo; así como los que, más all de nuestras fronteras, tengan noticia de nuestra malhadada condición.    

Por eso resulta necesario preguntar a quien sepa o deba conocer las causas de su ausencia; en primer lugar, las autoridades del estado y de las instituciones de educación superior responsables de fomentarla, organizarla y desarrollarla, nos informen las razones por las que, lejos de cumplir con su responsabilidad, han alejado a la filosof a de los espacios educativos que le corresponden;  a diferencia de lo que sucede  en la capital de la rep blica y  las entidades que rodean a la nuestra, donde la formación filos fica desarrolla normalmente sus actividades educativas y de formación de profesionales, la investigación y la divulgación  en materia filos fica.

Se puede pretextar que los Hidalgogoguenses enfrentan necesidades de mayor urgencia, como para pensar en patrocinar tales lujos. podrían  preguntarse algunos qu beneficio obtendr a la sociedadíal emprender esa tarea en Hidalgo, cuando lo mejor de la filosof a ya se ha hecho y dicho en lugares con un desarrollo cultural superior al nuestro.

Para qu ocuparse entonces de ella, cuando lo de hoy es la ciencia aplicada, la tecnolog a, las carreras comerciales o de la comunicación, que tanto atraen a las j venes generaciones con la esperanza de un trabajo bien remunerado? Lo mejor es seguir ampliando esas ofertas educativas, para que sus demandantes puedan integrarse al mercado laboral exitosamente. Pero no es necesario que lo digan, basta que lo piensen y act en bajo la ptica positivista que desde las revueltas de la Academia en los a os sesenta se ha constituido.

así pues, resulta dif cil que las instituciones de educación superior en nuestro estado tanto p blicas como privadas-,  den una respuesta  positiva a la demanda  de los pocos Hidalgogoguenses que deseen contar con la presencia de la filosof a entre nosotros, toda vez que ninguna de ellas parece interesada en darle cabida en sus aulas a una profesi n tan antigua como ella.

Pero si la posibilidad de contarla con ella resulta tan dif cil, no por eso quienes deseamos que ella está presente en Hidalgo, hemos resignarnos a dejarla fuera de nuestro alcance; así que lo mejor es poner manos a la obra para lograr nuestro prop sito.

La filosof a se har presente s lo si queremos hacerla nuestra, porque la sociedad Hidalgogoguense no es una entidadíapartada del resto de la humanidad; aunque si lo est , desafortunadamente, del di logo filos fico universal al que  resulta indispensable integrarnos, a fin de impulsar en nuestro medio las capacidades te ricas y pr cticas   que ella proporciona a los habitantes de otras sociedades, donde cuenta con los espacios y apoyos necesarios para ejercerla.

Tan necesario es que toda persona o comunidad cuenten con ese conocimiento, que la UNESCO en su declaración de Par s de 1995- reconoci a la filosof a como patrimonio y derecho de la humanidad ; sin distinción alguna de origen, clase social, sexo o cualquieRíotro limitante. Pero como todo bien en la vida, hay que ganar ese derecho con nuestro propio esfuerzo. 

En ese camino, la filosof a cuenta con una ventaja sobre cualquieRíotro saber legitimado socialmente: porque, si bien los espacios acad micos son el lugar natural de su aprendizaje, su pr ctica es libre; no requiere ni de claustros ni grandes recursos econ micos para ejercerla. Ejemplo de ello lo tenemos en S crates, el pensador que la practic libremente en calles y plazas de Atenas,  combatiendo el pensamiento sof stico con el que sus conciudadanos eran educados para su integración a las actividades pol ticas y jur dicas. En cambio, sin pretensi n ni pago alguno, el fil sofo ateniense dialogaba con cualquiera que se atravesara en su camino: ricos o pobres, sabios o ignorantes, esclavos y hombres o mujeres, provoc ndoles a cuestionar sus certezas con preguntas desconcertantes.

Yo no he sido jamás maestro de nadie. Si cuando yo estaba hablando y me ocupaba de mis cosas alguien, joven o viejo, deseaba escucharme, jamás se lo impedía nadie. Tampoco dialogo cuando recibo dinero y dejo de dialogar si no lo recibo, antes bien, me ofrezco para que me pregunten, tanto al rico como al pobre (Apolog a de S crates, 33a; Plat n). 

En la poca actual, donde la acción de los medios de comunicación y las redes sociales derrumban toda clase de barreras, el ejercicio p blico de la filosof a constituye un v nculo human stico cada vez más importante, por la relación que guarda con la posesi n de valores comunes, tradiciones, culturas, lenguajes y costumbres que constituyen la herencia intelectual y espiritual de los pueblos y su modo de comprender el mundo y la vida.  

La filosof a no solo se ha universalizado, sino diversificado en iniciativas personales y colectivas, que ejercen la reflexi n filos fica partiendo de sus propias circunstancias e intereses, aunque con tem ticas y fundamentos que hermanan a sus seguidores en todas partes del planeta.

El ideal, claro est , ser a que la academia y la filosof a ejercida fuera de los claustros se correspondieran, compartiendo sus pr cticas y frutos. Pero si su ausencia en los espacios universitarios se lo impide, queda a los Hidalgogoguenses practicarla por su propia iniciativa; aprovechando el acceso a la informaci blica que la sociedad ha  ganado durante los ltimos tiempos. 

Queremos pensar que en la ciudad o en el campo, en el llaño o la sierra; chateando en la red y en reuniones de amigos o en solitaria reflexi n, se encuentran ya entre nosotros los hombres y mujeres que dar n, en un futuro no muy lejano,  gloria y renombre a la comunidad filos fica Hidalgogoguense.

Empero, para transformar nuestro desaf o en realidad, hace falta que sus promotores se reconozcan, dialoguen y se apoyen mutuamente. Y no importa su n mero, porque la importancia de la pr ctica filos fica no es cuesti n de cantidad sino de vocación.

Sin embargo, para quienes s lo las cifras cuentan, s pase que al iniciar estos art culos los expendios de publicaciones en Pachuca pusieron en venta una enciclopedia de filosof a que, por pocos pesos, ofrec a un bello ejemplar semanal con la obra de los grandes fil sofos que en la historia han sido. Esc ptico, cre que los vendedores terminar an devolvi ndolos por falta de compradores, pero grande fue mi sorpresa  al constatar que los ejemplares volaban de los kioscos en pocos días, a la par que se desvanec a mi prejuicio por el desinter s de mis conciudadanos hacia la filosof a.

Y si eso pasa a ras del suelo es porque, al igual que en cualquier lugar de ste mundo de la verdad que nos ha tocado vivir, existen entre nosotros hombres y mujeres que se niegan a renunciar al tesoro que guarda el pensamiento filos fico, resisti ndose a la pretensi n totalizadora del poder pragm tico utilitarista que intenta someternos con sus sofismas y placebos.

Quienes piensan que los humanos de nuestro tiempo se encuentran totalmente domesticados se equivocan y estamos seguros que no faltan entre los Hidalgogoguenses esp ritus indomables que, a n en condiciones adversas, luchan por arrebatar al mundo girones del tiempo que ste les roba, recuperando para s mismos, su Tiempo Esencial.

  Llegada la noche vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en su puerta me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre, y me visto con pa os reales y curiales; as , decentemente vestido, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos, donde acogido con amabilidad, me sirvo de aquellos manjares que son s lo m os y para los cuales he nacido. Estando all no me averg enzo de hablar con tales hombres e interrogarles sobre las razones de sus acciones, y esos hombres por su humanidad, me responden. (Nicol s Maquiavelo, Cartas Privadas).  

Trabajemos pues, para que el pensamiento filos fico despliegue  su misi n human stica en el lugar donde nos ha tocado vivir, luchar y pensar.  A este prop sito estar destinado ste espacio de expresi n, como testigo e int rprete reflexivo de la vida y el pensamiento filos fico en el acontecer de la sociedad Hidalgogoguense.  

(Revisado y reeditado en julio de 2024)

Existe filosof a en Hidalgo? publish

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