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Cuando el p blico se sienta a ver la función, sus botones, alfileres, pegamentos, remiendos, esponjas y pinceles, así como el cansancio y el sudor de sus horas sin dormir dedicadas a ultimar cada detalle, no se ven. Sin embargo, sin ellos la despampanante fiesta del carnaval uruguayo no existir a.

La expresi n ‘sangre, sudor y l grimas’, aunque suene extrema, no está lejos de reflejar lo que dejan sobre sus mesas de trabajo en la larga carrera hacia el tan intachable como asombroso espect culo que, entre luces de colores, bombos y redoblantes, da forma al ‘carnaval más largo del mundo’.

Es que es gracias a la dedicación vertida en ese tras bambalinas de maquillaje, puesta en escena, iluminación, utiler a, dise o y realización de los trajes y sombreros de quienes se llevar n las miradas y aplausos que la competencia carnavalesca que hace re r y llorar a miles subsiste.

Una pasi n narc tica

«A veces hablamos de que es como una droga el carnaval, porque muchas veces lo sufres pero finalmente vuelves a hacerlo y cuando no lo haces extra as un poco», dice a EFE Ovidio Fern ndez, quien casi ininterrumpidamente desde el 2000 se desempe a como sombrerero de varias murgas uruguayas.

Es que, en plenos ajustes para que los sombreros que confeccion con Mar a Rethemias para Asaltantes con patente y Curtidores de Hongos en el marco de un competitivo carnaval de más de 40 días, admite que muchas de las an cdotas que este le dej son «desastrosas».

«Nos re mos, pero cuando nos pasaron fueron tremendas. Que se nos rompi algo, perdimos algo o no llegamos a tiempo», acota.

«Carnaval, para los que lo hacemos tanto detr s del escenario como los que suben, es algo que lo llevamos muy incorporado y realmente te tiene que gustar mucho», coincide la vestuarista Laura Ferreyra, quien se considera una «bendecida» por trabajar de algo que le apasiona.

Algo parecido dicen la dise adora de vestuario Mavi Amigo y la maquilladora Raquel S nchez, quienes subrayan la palabra ‘pasi n’.

«Uno primero lo hace porque le apasiona. Hay un motor que tiene que ver con una pulsi n creadora que ac uno puede desarrollar. El carnaval es un espacio de creación absoluta», sostiene Amigo, en tanto S nchez a ade que para ella es «una pasi n» y algo tan «vocacional» como la docencia de secundaria que tambi n ejerce.

Siempre se llega

«Todos los días es corriendo de un lado para el otro: vamos, venimos», dice Ferreyra sobre la din mica del trabajo con los trajes de murgas y parodistas que comenz a confeccionar a mediados de 2024 tras intercambiar con los dise adores; de los luego tiene que estar pendiente en cada actuación porque «si se descose un bot n, alguien tiene que coser».

«El a o pasado estuve 44 horas sin dormir. Este por suerte no, pero tengo que estar en todos lados», a ade sobre el extremo nivel de dedicación para cumplir con los acotados plazos que Fern ndez considera «inenarrable».

«De no dormir dos o tres días, quemarte los dedos y te los vendas, si est s desesperado llamas a tu madre y aunque no sepa le dices ‘and peg ndome esto'», ejemplifica quien sopesa si el «costo-beneficio» de un trabajo cuya baja paga solo compensa la narc tica emoción carnavalesca es sostenible.

«A partir de noviembre se puso el acelerador y ac no hay descanso. Reción ahora estamos viendo el producto final, pero fue duro», revela S nchez sobre el trabajo que, con Amigo y su equipo de unas 20 personas, hizo para La Mojigata, una murga que considera «familia».

«Si falta una hora y tenemos que terminar, todo el mundo corre como loco y lo hace. Hay un dicho que es ‘siempre se llega’ y eso significa que hay un punto en que se da todo. Esa parte, la de atr s, es el coraz n del carnaval», remarca el sombrerero.

De primitivo a profesional

Remont ndose a aquella primera vez en que, por su trabajo como titiritero, le pidieron hacer unos con mu ecos que resultaron inc modos pero terminaron enamorando a los murguistas, Fern ndez dice sospechar que «hay algo en los sombreros» más all de lo est tico que hace que el murguista los necesite, «como la nariz del payaso».

Sin embargo, duda sobre si seguir haciendo tantos porque, en tiempos de pantallas y shows cada vez más detallistas, la faceta más «primitiva», artesanal e informal del carnaval empieza a desencajar.

«Me parece que esa brecha entre lo profesional y lo artesanal se está extendiendo y en alg n momento va a generar un conflicto que veremos c mo se resuelve», plantea.

«Es un trabajo que hay que seguir defendiendo y construyendo», anota Amigo sobre un carnaval que, valora, genera un nivel «impresionante» de trabajos.

O Botones, pinceles, sudor y pasi n: el detr s de escenas del carnaval uruguayo publish

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