Pido la palabra
Cuando llega la noche y las cosas no han salido como uno las esperaba, comienza la desesperación; el cansancio provoca que nos invada la incertidumbre; el diario desgaste poco a poco va minando nuestras fuerzas; el fragor de la lucha va adelgazando el ánimo y las metas cada vez se hacen más pesadas.
Y aún y con todo ese peso a cuestas, sabemos que es nuestro deber seguir adelante; descansar no está en el programa de los que sabemos que el tiempo se agota para una segunda oportunidad; el explorar nuevas opciones con la vida y el tiempo en nuestra contra ya no es tan sencillo; ahora cada paso lo debemos tener bien medido, pues inexorablemente cada paso se convierte en un fin en sí mismo.
Las generaciones que caminaron adelante de nosotros, quitaron las piedras con las que ellos tropezaron, y aprendimos de su experiencia; nosotros haremos lo mismo con esa pléyade de generaciones que muy de prisa ya nos están alcanzando; trataremos que nuestra vacilación no la heredemos a ellos; aunque a veces es necesario tropezar con nuestras propias piedras cuando nos obstinamos en no aprender de la historia.
La noche cae y los miedos nos acorralan, pues para muchos el mañana solo es un día más y no un nuevo amanecer; la vida los ha golpeado y no los ha dejado nuevamente extender sus alas al vuelo.
No es esa la actitud que debemos enseñar; el tiempo para los jóvenes es inconmensurable y es su obligación darle buen uso; pues quizá tarde nos habremos dado cuenta que el no respetar esa premisa de la vida, nos pondrá ante el inevitable pago de facturas, y el tiempo nos cobra muy caro su desperdicio.
¿Mañana?, no sabemos lo que sucederá, el futuro es incierto, y quizá sea mejor no saberlo, pues de lo contrario el enigma de la vida estaría resuelto, y su consecuencia es que esa certeza nos llevaría a la pérdida de ese espíritu de lucha que muchos todavía conservan, pues no todos se han abandonado a su suerte, esa suerte que, aún y con las escasas fuerzas que poseemos, nos negamos a depender exclusivamente de ella.
La incertidumbre nos debe mover hacia adelante, para crear, para construir, pero sin olvidar nuestros valores de convivencia; algún día será el último, pero hasta en ese instante tendremos la cabeza levantada, para decir muy fuerte, que nuestros miedos y nuestras indecisiones, solo fueron el acicate para nuevas proyecciones de vida.
Por ello, hagamos conciencia y formemos parte de ese selecto grupo que en lugar de inmovilizarse, se motivan, se impulsan y hacen de sus puntos negros, una plataforma de oportunidad; tal vez nadie nos dé una medalla, no importa; tal vez nadie nos reconozca el esfuerzo, qué más da; tal vez muchos intenten ponernos zancadillas y tenernos con un pie en el cuello, a eso nos exponemos; pero tal vez, y con muchas probabilidades de éxito, logremos evitar el jamás tener que agachar la cabeza por la incertidumbre de saber si tenemos el valor de ser nosotros mismos y no solo lo que el “destino” nos depare.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.




