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YO QUIERO SER MAESTRO

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YO QUIERO SER MAESTRO

Si le parece al amable lector que soy demasiado repetitivo al citar a Ortega y Gasset, con su frase “El hombre es él y su circunstancia”, diré que estoy de acuerdo con esa crítica, a veces de buena fe, en otras, con absoluta mala leche, pero siempre discutible, analizable, polémica…

Si por circunstancia entendemos el conjunto de fuerzas externas que están presentes en la voluntad del ser humano desde antes de su nacimiento (raza, familia, economía, educación, valores, religión, cultura, idioma, marco jurídico…) entenderemos que el hombre no puede ser “Arquitecto de su propio destino”.

Desde su puesto en la estructura familiar, cada individuo comienza a forjar su personalidad, solamente idéntica a sí misma; única, distinta, irrepetible… Tal vez asuma una postura equivocada al entender que un altísimo porcentaje de los niños y jóvenes de este país son pobres, pero con la aspiración y voluntad para dejar de serlo. 

El reto del Profesor (que no Maestro), consiste en encauzar esos afectos y hacer que los alumnos aprehendan los ¿por qué?: ¿Por qué admiro a Don Benito Juárez? ¿Por qué acudo a venerarlo cada vez que en alguna ceremonia la gente se dirige a él? ¿Por qué siendo un humilde pastor, llegó a Presidente de la República?… Así se puede formular una larga serie de preguntas que, al responderse, permitirán conocer a sus admiradores el verdadero perfil del hombre que tuvo merecimientos para trascender esa condición y convertirse en héroe.

Todos los héroes son hombres; pero no todos los hombres alcanzan a ser héroes, por mucho que se confronten o alíen con su circunstancia en busca de horizontes y elementos válidos o en su realidad actual.

Los héroes de ahora y de siempre son entidades de carne y hueso (excepto los de la tele). Estamos tan acostumbrados a verlos, que ni siquiera nos damos cuenta de que existen. Cuántas veces cruzamos por la calle, sin imaginar que junto a nosotros hay héroes que están ahí, pero que nadie los reconoce porque no tienen un aparato de propaganda que lo diga.

Me pregunto, ¿cuántos Quijotes deambulan a pie, porque su Rocinante está extraviado y ellos no lo saben? ¿Cuántos más construyen su heroísmo diariamente en la lucha dentro de las aulas, en contra de la ignorancia? 

Yo tengo mis héroes y heroínas particulares. El hecho de que no los comparta, no quiere decir que no sean seres maravillosos que dejaron su magia en mí y en otras generaciones de mexicanos que tal vez no seamos unos triunfadores, pero sí somos luchadores como ellos para ayudar a que el pueblo salga de su miseria (intelectual, académica…) Sabemos, o debemos saber, que no es lo mismo un Profesor que un Maestro. Maestro es aquél que obtiene un posgrado que así lo dice, en alguna universidad. Profesor, en cambio, puede ser quien, ataviado con humilde ropa transita bajo los calores de este Hidalgo nuestro, con un libro bajo el brazo; que busca y que siempre encuentra una mente fértil en dónde depositar la semilla de la superación y del progreso. El Maestro, normalmente se ubica en las aulas universitarias de alto nivel, en el campo de la investigación o en los más elevados sitiales de la ciencia, la industria, la economía, la medicina, la jurisprudencia… En conclusión, técnicamente solo es Maestro el que tiene una Maestría, pero, en la admiración del pueblo, Maestro es el que enseña, lo mismo debajo de un mezquite, que en los eruditos campus de altísima especialización.

Por desgracia, charlatanes hay en todas partes: Maestros sin título y títulos sin Maestro.

Los mejores Profesores y Maestros están instalados en los altares (cerebro y corazón) de los niños de ayer y de hoy, de los adultos que debimos tomar la estafeta, aunque sintamos que nos queda grande.

¡Ah! Mis maestros: cómo recuerdo a Doña Micaela Hernández, a Don Donaciano Bautista, a Doña Guadalupe Durán, a Don Rafael Cravioto Muñoz; a mi profe Bonfilio Salazar, a mi Maestra Alicia García, a los profesores universitarios Agripino García, Arturo Esperón Villavicencio, Lucero Lozano y muchos más. 

Pido perdón a los que tal vez no se encuentran en este espacio, pero están en mis sentidos, en mi ética, en mi intelecto, en mis valores. Por eso digo aquí y ahora: ¡Qué bueno que la vida me permitió estudiar, aunque sea de Profesor! Creo que si volviera a nacer, en los albores de mi pensamiento y de mi voluntad, comenzaría a vivir gritando “¡Yo quiero ser Maestro!”.

Claro que la humanidad no estaría completa si sus Profesores y Maestros estuvieran recluidos solamente en las aulas. No, Maestros hay en todas partes; en el trabajo, en la calle, en los cafés, en el ejército, en las logias, en los consultorios, en el gobierno, contra el gobierno… en la vida.