El gran poder de convocatoria del Estado Islámico (IS, en sus siglas en inglés) y otras organizaciones yihadistas para atraer a hombres de todas las nacionalidades a luchar por su causa en Siria e Irak siempre ha sido analizado con preocupación desde las capitales europeas. Los servicios de seguridad observan de cerca el proceso de radicalización de cientos de jóvenes europeos reclutados por estas organizaciones yihadistas porque consideran que, después de luchar en los diferentes conflictos en Oriente Próximo, esa experiencia de combate puede representar un gran peligro una vez vuelvan al continente.
De todos los países europeos, el que más hombres ha ‘exportado’ a la yihad es Francia. Según señaló el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve, al Parlamento el pasado diciembre, unos 1.200 franceses han dejado el país para engrosar las filas de organizaciones como IS o el Frente Al Nusra. Unos 185 han vuelto a Francia, según Cazeneuve y de ellos, la mayoría están o en prisión o bajo observación de las fuerzas de seguridad.
Los procesos por los que un individuo decide unirse a la yihad son variados, pero Francia parece ser, según los expertos, un punto caliente de la radicalización de jóvenes por varias razones. Una de ellas puede ser la participación activa de Francia en operaciones contraterroristas en países predominantemente musulmanes, como Mali, Libia o Irak. Ello podría haber fomentado el resentimiento de una parte de la comunidad musulmana en Francia.
Los musulmanes conforman el 10% de la población de Francia y son la comunidad más numerosa de Europa. Muchos musulmanes franceses se sienten discriminados y privados de oportunidades, sienten que su fe les estigmatiza. Los atentados del pasado enero contra la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ y un supermercado kosher en París pusieron de manifiesto que el modelo francés de integración está haciendo aguas por algún sitio y que las autoridades tienen que trabajar para mejorarlo. Como también llaman la atención sobre el peligro de que atentados como el de entonces -y el de hoy- marginen aun más a una comunidad cuya mayoría no es violenta y está perfectamente integrada en los valores de la república. (Agencias)