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¡Ya medio año, Beto!

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¡Ya medio año, Beto!

RETRATOS HABLADOS

Ya medio año Beto. Martín sigue con la idea de que te fuiste a un lugar, a lo mejor lejano, pero que seguro estarás de vuelta cuando menos lo esperemos. De alguna forma todos compartimos esa esperanza, porque resulta complicado, si no es que imposible, aceptar que una parte tan esencial de nuestra vida, se haya ido para siempre.

Dios te había bendecido con la fe, te la otorgó porque una y otra vez, confirmaste que creer es un don que llega a pocas manos, es decir a las que tienen bondad para saber entenderlo, y capacidad para usarlo en bien de sus semejantes. Por eso fuiste un excelente periodista, porque aún antes que la frase del periodista polaco de pronto se pusiera de moda, tú comprendiste que difícilmente se llega a buen puerto en estos menesteres, si no se es una buena persona.

Ayer me contaba tu hija que finalmente entraron a tu oficina del periódico, donde pasabas buena parte de tu vida, porque te encantaba leer, escuchar música y escribir poesía, como eje central de tu forma de contarnos la visión que tenías de la existencia humana. Ayer también me recordaba que habían pasado seis meses desde que, la mañana de un domingo de febrero, de este 2023, emprendiste un viaje que te ofreció Dios, para reencontrarte con tu hijo pequeño, papá y mamá, nuestro hermano Toño, los papás de tu mujer, los personajes del pueblo como tía Amelia, abuelo Ezequiel, que conocí a partir de tus recuerdos estampados, primero en cuentos y luego en poemas.

¡Qué falta nos haces hermanito! Porque a veces los días se ponen tan nublados, tan de al tiro tristes y sin caminos claros para seguir adelante, que hace falta tu consejo, que ofrecías en palabras calmas, llenas de fe, eso, de fe, que se irradiaba a los que estaban a tu lado y, te lo digo, a mi me llenaban de sosiego, de paz, de certeza que, pasados unos días, a veces hasta semanas, todo volvería a su cauce.

Siempre tuve la idea de que tú conocías a la perfección los misterios mismos del universo, de la vida y la muerte, y ahora compruebo que no estaba errado, que sí conocías todas esas respuestas, por la simple y sencilla razón de que eras poseedor de una fe inquebrantable, única.

Ya son seis meses Beto, ¡medio año!, y déjame contarte que en lo simple que es el uso del poder en nuestro país, las cosas no cambian, creo que nunca han cambiado, y que digan lo que digan, es el objetivo central de los políticos, que lo buscan con tanta ansiedad para no saber usarlo cuando lo tienen en las manos.

También que, en Hidalgo, la residencia en la tierra que adoptaste y te adoptó, para fortuna nuestra cuenta con un gobernante preparado, leído y escribido como se dice, y que por principio de cuentas marca una gran diferencia en el manejo del poder, y que espero fruto de ese perfil académico, evite a toda costa marearse con la visión que a veces sus cercanos le intentan vender a todo personaje político, de que hace todo a la perfección y nunca se equivoca.

Eso en el terreno mundano del poder, Beto.

En lo principal que es tu familia, cada vez los veo más unidos, más cercanos al sueño que siempre tuviste de que es importante emprender el camino para que la fe llegue de la mano de Dios. Te cuento también que, en tu memoria, en tu recuerdo, nos reencontramos, en la voluntad de saber que lo más importante es el cariño que heredamos de papá y mamá por lo que es valioso hasta la eternidad: el amor. 

Seis meses, medio año, Beto, y nombrarte como hermano mayor, el que hoy me dice que los momentos complicados de la vida pasarán, para dar paso a otros mejores, es una forma de empezar a caminar para que, un día tal vez lejano, reciba la gracia de tener, por fin, fe, aunque sea un poquito de fe.

Aquí estamos, aquí estás por tu fe en la vida, en Dios, en lo mágico de la existencia humana.

Mil gracias, hasta mañana.

Correo: jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico

X: @JavierEPeralta