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¿Y si Hitler hubiera vencido?

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  • Por lo pronto… El Estado de Israel no existiría

En los últimos años se ha ido extendiendo cada vez más la noción de que el III Reich nunca tuvo la menor oportunidad de ganar la Segunda Guerra Mundial. A decir verdad, su derrota comenzó cuando, en el verano de 1941, invadió una Unión Soviética que era mucho más fuerte de lo que Hitler creía y que, según reconoció el propio Winston Churchill, para 1944, antes del desembarco en Normandía, había despanzurrado ya al Ejército alemán. Con todo, resulta inevitable especular con lo que habría sido del mundo en el caso de que el vencedor de la terrible guerra hubiera sido Hitler. Ése era el tema –apenas oculto tras una trama policíaca de la novela «Patria» de Robert Harris o el del relato más verosímil de Philip Roth titulado «La conjura contra América».

Con todo, el mérito de haber abordado por primera vez el tema desde la óptica de la ficción se corresponde a Philip K. Dick y su «El hombre en el castillo», escrita en los años sesenta del siglo pasado. Dick escribió una gran novela aunque discutible desde el punto de vista de la Historia posible y teñida de obsesiones propias como el uso del I Ching. En realidad, de haber ganado la guerra el III Reich, la configuración del mundo no sería tan difícil de imaginar. La visión internacional del Führer recogida en «Mein Kampf» a inicios de los años veinte ya había sido abandonada por otra más amplia antes de que concluyera esa década en el denominado «Segundo libro de Hitler».

Esta obrita poco conocida deja de manifiesto hasta qué punto Hitler había superado la visión colonial propia de la Primera Guerra Mundial para sustituirla por otra de carácter global verdaderamente notable. En opinión de Hitler, en el primer tercio del siglo XX, sólo EU tenía la capacidad para ser una superpotencia dado su vigor económico y tecnológico. Semejante perspectiva resultaba a su juicio odiosa, primero, porque la hegemonía de Estados Unidos convertiría a Europa en un continente de segundo orden condenado a comprar productos americanos y, segundo, porque EU era, en su opinión, una nación controlada por los judíos. El objetivo, pues, de la política del III Reich debía ser la creación de una superpotencia europea y aria que impidiera que el siglo XX acabara siendo el siglo americano. Para obtener ese objetivo, Alemania tenía que extenderse hacia el Este –su área de expansión desde la Edad Media– doblegar a una Francia repugnantemente decadente y llegar a acuerdos con Italia –a la que se reconocería una expansión colonial necesaria– y con Gran Bretaña, cuyo imperio sería aceptado porque, a fin de cuentas, no pasaba de ser un dominio ario sobre razas vistas como inferiores.  (Agencias)