El Poder, es tomar el miedo de otros en nuestras manos y mostrárselos…castrarlos hasta convertirlos en nuestros fieles vasallos, títeres inanimados para que, sin chistar, hagan lo que el líder les ha ordenado; agachar la cabeza ante el que manda, perder la dignidad, someterse a la línea dictada, y dejar pasar el tiempo perdido en la cobardía de su silencio.
Ese miedo es el que huelo en muchos de nuestros sectores sociales, políticos, sindicales; no se atreven a levantar la voz aquellos a los que se les paga para hacerlo; convidados de piedra con dinero en los bolsillos, cómplices de las desgracias sociales.
Representantes populares siguiendo línea “de algún parte”; líderes sindicales legitimando la opresión que les reditúa prerrogativas personales, no hay líder sindical que aguante un cañonazo Obregonista; compra de conciencias en la venta de representados; una bonita playa, un buen hotel y tardes de francachela, ¡ese es el precio de los que representan a grupos sociales o sindicales¡, unos y otros parecen cortados por la misma tijera; el miedo a ser exhibidos como traidores los hace someterse a la comodidad de la obediencia.
Y mientras ellos se divierten con los juguetitos que les permite tener el Poder Constituido, el verdadero pueblo, el soberano al que no le permiten de facto usar esa soberanía, sigue en la incertidumbre de la inestabilidad social, económica, política y laboral.
En los congresos hacen como que discuten las mejores leyes para los Mexicanos; en las Asambleas Sindicales hacen como que pretenden mejorar las condiciones de los trabajadores; pero los unos, lo que pretenden es preservar el imperio; los otros, conservar el poder factico que tantos privilegios les ha concedido. Odian los mesianismos, pero viven de ellos, apuñalan al pueblo, pero es el que les paga sus excesos.
La zona de confort en la que se encuentran les ha hecho perder piso, la sensibilidad que vendían en sus respectivas campañas se ha desvanecido, es más importante el quedar bien con el Partido o con la patronal, que con quienes les están partiendo el alma y su estabilidad en el trabajo con sus disciplinas institucionales; la sumisión lleva a levantar dedos sin chistar; el valor no paga, la obediencia reditúa dividendos políticos.
Baste citar solo como ejemplo aquel año del 2012, en donde los líderes de los sindicatos corporativos no se movían en tanto no estuviera en riesgo “su transparencia sindical”; el tema de los outsourcing no era relevante, la libre contratación y el libre despido no tenía la menor importancia, sigue sin tenerla; ¡pero cuidado!, las luces de alerta se encendieron cuando se insistía seguir tratando el tema de las cuentas sindicales, ¡ése si era un verdadero peligro!, ¿con qué derecho pretende alguien conocer el destino de las cuotas sindicales?, por ello, en menos de lo que un burro rebuzna, los liderazgos eternos que odian los vitalicios, empezaron a apedrear la posición clarificadora.
Y mientras el rio está revuelto, mientras los líderes se siguen inventando puestos para perpetuarse en el poder, los trabajadores se siguen calentando la cabeza sobre su futuro y los ciudadanos siguen a la espera del paraíso perdido; aún está muy lejos la luz al final del túnel.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.
Lic. Miguel:.Rosales:.Pérez:.