Home Nuestra Palabra Luis Kaim Gebara Voto nulo: mecanismo dudoso de “justicia”

Voto nulo: mecanismo dudoso de “justicia”

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TERRAZA

Ante la difícil situación democrática que visualizamos últimamente en nuestro país, me resulta difícil creer  que todavía existan líderes de opinión y analistas respetados, que llamen al voto nulo.

 

            A diferencia del abstencionismo, que consiste en no acudir a las casillas, el voto nulo es tomarse la molestia de ir, de entintarse el dedo y pasar por todo el proceso de elección, pero al final simplemente no se elige a nadie en la boleta ya que se tacha, se coloca el nombre de algún candidato e incluso en algunos casos un tanto irónicos, hasta se opta por elegir un personaje de ficción.

            Existe mucho esfuerzo de por medio para devolver la fe en la democracia, la cual se ha ido perdiendo gracias a las ideas escépticas del pueblo alimentadas por cuestionables movimientos por parte de los gobernantes a lo largo de la historia.

            Estamos acostumbrados a tener una mala opinión de la política en general, tanto que, pocas veces nos tomamos la molestia de revisar las propuestas de los candidatos y preferimos llegar a la conclusión anticipada de que todos son iguales y no pueden ofrecernos nada nuevo.

La idea de que todos los políticos son malos es tan fantasiosa como decir que todos son buenos. La deducción es simple: hay buenos y hay malos, nuestra responsabilidad es distinguirlos y ejercer el derecho que nos concierne para participar en la elección.

Los partidarios de anular su voto argumentan otra teoría para justificar sus ideales: las elecciones son inequitativas y el no votar llamará la atención de los políticos. Si bien, sería preocupante para los servidores públicos que gran parte de la población no votara, los cargos no se quedarían sin ocupar y estoy seguro que la mayoría de los ciudadanos se mostrarían inconformes sin importar qué candidato terminara al frente, después de todo también lo considerarían “inequitativo”.

Solemos pensar que anular el voto, “castigará” a los malos candidatos, pero no reflexionamos que también traerá consecuencias negativas para los buenos. Por poner un ejemplo: aquellos representantes potenciales que no presentaron su declaración patrimonial o que la mostraron incompleta, nos crean incredulidad y desconfianza, no es para menos, sin embargo; hay unos cuantos que con total transparencia, dieron a conocer los bienes que poseen, los cuales, obtuvieron mediante un trabajo licito ¿no merecen siquiera la oportunidad de conocerlos?

Ya que hablamos de castigos, el pensamiento popular alude al voto nulo como un mecanismo salvador ante el sistema o como una “bofetada”  a la ineficiencia de los mandatarios. En efecto, un voto nulo es un castigo, pero no para los partidos políticos ni para el INE, sino para nosotros mismos como ciudadanos, víctimas de desconocimiento electoral colectivo.

De acuerdo con la ley, el conteo final de boletas se basa sólo en aquellas con un voto válido marcado, es decir; las anuladas no se toman en cuenta; contrario a lo que se piensa, las boletas anuladas no forman parte del porcentaje final de conteo. Lo anterior se traduce en mayor ventaja para los partidos populares, pues duplicarán su fuerza electoral.

Los partidos dominantes, no pierden en ningún momento simpatía, publicidad o presupuesto debido a los votos nulos, en todo caso, estos más bien perjudican a los partidos menores o a los nuevos porque corren el riesgo de perder el registro.

Desde luego que la intención de los anulistas no es irse a la yugular de los partidos nuevos; la idea es atacar a los partidos dominantes; irónicamente, en realidad los benefician.

Considero que hacer un juicio de valor y marcar la boleta con quien consideremos un buen candidato en las próximas elecciones, traerá mejores resultados que sólo “hacer la finta” y tirar nuestro derecho a la basura.

Es claro que el sistema electoral posee algunas deficiencias, pero el camino para mejorarlo sin poner en riesgo el bienestar ciudadano, es que todos seamos participes en cada elección que se lleve a cabo. Los anulistas tendrán sus razones para sostener su teoría, algunas válidas y otras no tanto; pero vale la pena reflexionar sobre las consecuencias que tiene nuestro papel como votantes.