TEMPORAL
Finalmente la caravana de migrantes centroamericanos encabezada por el padre Alejandro Solalinde, finalizó su recorrido tras 760 kilómetros de caminata. No exentos de problemas y tensiones, tampoco ajenos a las muestras de solidaridad y apoyo, pero siempre motivados por la Fe de encontrar mejor suerte en tierras distintas a las que les vieron nacer.
Los motivos para que la población cambie su lugar de residencia son de índole diversa. Hay motivos políticos, como el desplazamiento forzado debido a conflictos entre grupos o comunidades; económicos, como la falta de empleo e ingreso; ambientales, como la ocurrencia de desastres naturales; personales, como el estudio o el matrimonio; o culturales, como la tradición de migrar. La migración, sin embargo, obedece predominantemente a motivos económicos y laborales.
Influye, por un lado, la debilidad de la estructura de oportunidades existente en los lugares de origen, predominantemente en el ámbito rural. También cuentan las limitaciones de presupuesto asociadas, que impiden a las familias mejorar sus condiciones de vida. Por otro lado, existe una importante asimetría entre las economías de los países más rezagados y la economía de los principales lugares de destino.
En las últimas décadas el fenómeno migratorio ha crecido en volumen e intensidad, pero también es más complejo y diverso. La globalización, en sus diversas expresiones, ha jugado un rol fundamental en dicha transformación. Comprensible si consideramos que a la par de los beneficios del crecimiento económico, entre los que se cuenta la expansión de la infraestructura de comunicaciones y transportes; también han aumentado las brechas de desigualdad en el desarrollo social y económico entre países y regiones de origen y destino.
La vecindad geográfica es un factor coadyuvante a la formación de flujos regulares de migrantes centroamericanos. Si bien su destino principal es Estados Unidos, están obligados a transitar por territorio mexicano, convirtiéndose en víctimas propicias de su propia circunstancia.
Se estima que en enero de 2012 residían en Estados Unidos 11.4 millones de migrantes no autorizados. De estos, 14 por ciento (1.5 millones) son originarios de El Salvador, Guatemala y Honduras. Se trata, sin embargo, de los casos “exitosos”. Es decir, que pudieron internarse y radicar en el vecino país del norte. Del otro lado se encuentran quienes quedaron en el camino.
El flujo de migrantes es continuo, aunque se ha reducido en intensidad debido al selle de las fronteras. Hay persistencia de rutas tradicionales, pero con el paso de los años se han diversificado las rutas de tránsito por nuestro país. Se trata de evitar retenes, riesgos y peligros, como las que representan las redes de tráfico de migrantes y su enlace con el crimen organizado.
El maltrato, abuso y violencia contra los migrantes es cada vez más visible. Pero si el origen de la migración en fundamentalmente económico, la solución de fondo está ahí.