Este domingo los medios internacionales se hicieron eco de una supuesta sublevación dentro del ejército venezolano, llevando a su máxima expresión sus deseos, pero alejados de la realidad. El lunes, en un comunicado leído por el ministro de Defensa, General Vladimir Padrino López, quien estuvo rodeado de todos los altos mandos de las fuerzas armadas bolivarianas, señaló que los hechos del domingo en el Fuerte Paramacay, en el Estado de Carabobo, sede de la 41 brigada blindada del ejército, forman parte de los ataques y asedios que desde el exterior se han venido realizando desde hace meses.
El ataque fue perpetrado por el excapitán Juan Carlos Caguaripano Scott, un oficial que había sido sancionado disciplinariamente en reiteradas ocasiones por faltas al honor y la ética militar, separado del ejército en el 2014; el primer teniente Oswaldo José Gutiérrez Guevara y 9 civiles con ropas militares, de los cuales ocho se encuentran detenidos; quienes contaron con la complicidad del primer teniente Yefferson García dos Ramos, responsable del parque de armas de la 41 brigada blindada, señaló el General Padrino.
De ese modo, los medios internacionales han colocado a Venezuela en el “ojo del huracán”, decididos instrumentar el “derrocamiento virtual” del presidente Nicolás Maduro, elegido en 2013 con el 50.8% de los votos y cuyo mandato concluye en 2018. Quienes califican hoy de tirano y dictador al presidente Maduro, han olvidado lo que fueron realmente las dictaduras del general Pinochet en Chile en 1973, la surgida del último golpe de Estado en Argentina en 1976 del general Videla, la de Uruguay en 1973, la de Olímpio Mourão en Brasil en 1964, la de Colombia en 1975, la de Anastasio Somoza en Nicaragua, las dictaduras en Honduras, El Salvador y Guatemala, donde la represión se instaló sobre los derechos humanos, donde se encarceló, se asesinó y desapareció a miles de opositores.
Pero como un hecho irreversible, al margen del mundo virtual que han inventado los medios que alguna vez destruyeron la imagen del ahora presidente Donald Trump, en Venezuela se instaló oficialmente la Asamblea Nacional Constituyente el viernes 4 de julio, con sus 545 diputados electos por 8 millones de venezolanos mediante voto universal, directo y secreto, el domingo 30 de julio pasado, quienes ahora deberán trabajar para reformar la Constitución.
La Asamblea Nacional Constituyente, sin lugar a duda, es el resultado del bloqueo permanente de la Asamblea Nacional surgida de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, en las cuales la oposición venezolana logró la mayoría calificada con 112 legisladores de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), contra 55 de las fuerzas de izquierda que apoyaban al gobierno del presidente Maduro; Asamblea que se convirtió desde entonces en instrumento de la oposición que buscó por todos los medios derrocar al presidente, al margen de los mecanismo democráticos previstos en la constitución.
Desde 2013, la guerra económica, las descalificaciones y la obstrucción al gobierno, junto con la instrumentalización de la Asamblea Nacional, se convirtieron en el principal medio para desestabilizar al gobierno del presidente Nicolás Maduro. La suspensión de actividades productivas por parte de muchos empresarios venezolanos y extranjeros, de importación de productos para el mercado interno, provocaron el desabasto de miles de productos de primera necesidad hasta medicamentos, culpando al gobierno de la escasez, de la inflación y de la depreciación de la moneda.
Desde el inicio de la confrontación de la oposición con el gobierno, todos los esfuerzos por sentar a las dos parte y llegar a un acuerdo han sido un fracaso. En vano fueron los intentos de diálogo propuestos por el gobierno a principios de este año, el cual contó con el apoyo del Papa Francisco. Todos los intentos de diálogo fueron saboteados por la oposición, la cual no ha buscado llegar a la presidencia respetando los tiempos electorales y los procedimientos constitucionales, sino derrocar al presidente Maduro e impedir que concluyera su mandato presidencial ¿Quién atenta en contra de la democracia en Venezuela realmente?.
Ha sido lamentable la alineación del gobierno de México con los Estados Unidos en la crisis de Venezuela; pues al final, al margen de su opción a las elecciones para la Constituyente y la instalación de la misma, la mayoría de los venezolanos han tomado su decisión. Pero ese alineamiento más bien parece dibujar un mundo dividido hoy en dos bloques, pues por un lado se ha situado los Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y México, así como 10 países más de América Latina y el caribe, mientras que por otro Rusia, China, gobiernos de África, Asia, América latina y el Caribe apoyan el proceso de estabilización y búsqueda de la gobernabilidad democrática en Venezuela, dentro de una nueva geopolítica que ha diseñado el propio presidente Donald Trump y sus sanciones contra Rusia, China, Corea del Norte y Venezuela.
Reconozca o no México y los Estados Unidos las elecciones y la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, este país continuará forjando su destino por su cuenta, buscará a los países aliados y, tarde o temprano, superará la crisis actual por la que atraviesa. Evidentemente, gobierno y oposición han cometido errores, pero les compete a los venezolanos resolver sus diferencias.