Alrededor de las 12 horas, las canchas del Barrio de Cubitos ya estaban llenas. La gente esperaba sentada, de pie, en el suelo, en las jardineras y en cualquier lugar donde se pudiera apreciar, la representación número 45 del Viacrucis.
En tanto, como ya es costumbre, la calle principal se convirtió prontamente en un tianguis de comida, que aun en día Viernes Santo, no dejó de ofrecer diversidad en alimentos cocinados con carne roja, como: chicharrón, pancita, bistec, tripa, barbacoa, carnitas, y demás, mismos que de acuerdo con la tradición católica, está prohibido consumirlos en estas fechas.
Alrededor de la 12:40 horas hacen su llegada tanto Herodes como Poncio Pilato, el gobernador y el procurador, respectivamente, entre los que la vida de Jesús, “el Nazareno”, pasará de uno a otro, antes de ser entregado a los romanos, quienes con su centuria se encargarán de darle muerte.
Previo a la representación el Padre Romero realizó la oración correspondiente, y enfatizó la importancia de ver, a través de esta muestra artística, el mensaje de Dios para los hombres, y exhortó a la población a reflexionar para que la muerte del Hijo de Dios no haya sido en vano, “tengamos presente a Dios cada día de nuestras vida, dejemos que entre a nuestros corazones”, dijo.
De igual forma, se hizo un homenaje a todas las personas que han fallecido y que en su momento formaron parte del comité organizador o bien del elenco que participa cada año en la representación del Viacrucis, y tras un emotivo minuto de aplausos, comenzó la solemne ceremonia, con la llegada de Jesús de Nazaret, mismo que al ser considerado “Rey de los Judios”, otorga el mensaje INRI, que se colocará sobre la cruz.
Tras ser apresado por los soldados romanos, el Galileo, va del palacio de Herodes al de Poncio Pilato, y luego de ser azotado y coronado con espinas, comienza la Pasión y Muerte de Jesucristo. Entonces, Poncio Pilato, hace que el pueblo elija entre Barrabás y Jesús, a lo que el pueblo grita: ¡Barrabás! ¡Libera a Barrabás! La gente mira la representación, algunos con lágrimas en los ojos, otros tratan de explicar a sus hijos lo que ven. El cuadro es sangriento y muy violento, pero es la forma en que los católicos también adoctrinan a las nuevas generaciones.
Así el Jesucristo comienza su camino, entre calles que son un Viacrucis de basura, gente que toma, además de agua de jamaica, tamarindo y natural, las cervezas bien frías; no falta el que fuma y fuma durante el recorrido, y aquellos que antes que rezar buscan tomarse una selfie en donde de fondo salga el hombre latigueado, no sólo por los soldados con casco y cresta de cepillo de escoba, sino por el ardiente sol, que es más inclemente que los mismos actores.
Tras el redoble del tambor, el sonido de los clarines y el canto del Coro de la Iglesia del Espíritu Santo, con el clásico “Perdona a tu Pueblo, Señor”, el Nazareno avanzó y representó cada una de las 13 estaciones que componen el Viacrucis, y una vez más en el “Gólgota de Cubitos”, el Cerro que se caracteriza por las cruces que tiene en la cima, Jesús pronunció sus siete frases, en punto de las 14 horas con 45 minutos.
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”, “Mujer, ahí tienes a tu hijo; Juan, ahí tienes a tu madre”, “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”, “Tengo sed”, “Todo está cumplido”, y la última que tiene siete palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Posteriormente “Cristo es bajado de la Cruz”, con lo que concluyó la 45 representación anual, ininterrumpida, del Viacrucis, que se realiza en el Barrio de Cubitos.