Como cada año, los distintos viacrucis que se realizan en la capital hidalguense, así como en otros municipios, se hicieron presentes, y con estos las diversas problemáticas que se generan al par de la intención que tienen los sacerdotes católicos por enseñar el evangelio y sobre todo el sacrificio que realizó “el hijo de Dios para el perdón de los pecados y salvación de los hombres”.
Y es que, aunque muchos feligreses van con la intención de revivir la “Pasión de Cristo”, hay veces que nada más no se puede, y el viacrucis que interpreta Jesús se convierte en el camino al calvario de muchos que terminan apoderados de la ira, la envidia, la gula, e inclusa la pereza, ya que al momento de comenzar el ascenso al cerro, prefieren cargar binoculares y ver, desde abajo, como Jesús es elevado en la cruz.
Así sucedió en el Viacrucis de Cubitos, tradición católica que además de reforzar la fe y exhortar a la meditación para que el hombre elija caminar por el buen camino, reunió una serie de pecados e insultos en tanto la puesta en escena de carácter religiosa se desarrollaba en las calles de una de las colonias más populares de Pachuca.
Y es que, es increíble cómo en plena conmemoración de Semana Santa, surgieron los insultos y los excesos que incluso desde la fe católica podrían considerarse como pecados, por lo anterior Diario Plaza Juárez acudió a dicha colonia para ser testigo de una serie de situaciones que hacen la contra parte de la festividad religiosa.
Niños y paraguas
Todos estaban acomodados, hubo gente que llegó desde las 10 horas, con la única intención de apartar un buen lugar en el Palacio de Poncio Pilatos (Cancha de Cubitos), lugar donde comenzaría la representación de la muerte del hijo de Dios, misma que se extendería hasta la punta del cerro, sin embargo no faltaron los que llegando tarde trataron de colocarse en frente y generaron la molestia entre los demás.
A un lado del árbol donde se colgaría, fallidamente el judas (ya que a la hora de la hora se corrió la túnica y la cabeza quedó fuera de escena bajo la ropa), se encontraba una pareja de jóvenes que llevaban un bebé en brazos, y a fin de evitar que al pequeño le diera el sol, decidieron abrir una sombrilla, acto que molestó a la gente de atrás y provocó que dos señoras (al parecer la abuela del bebé y otra) se hicieran de palabras.
-¡Bajen el paraguas!- dijo una
-¡Qué no ve que estamos cubriendo al bebé!- contestó la otra
-Pues para qué lo traen ¡Bajen el paraguas!
-Vieja loca, debería haber llegado temprano para estar al frente…
Y antes de que pasara algo más, la señora del paraguas decidió cerrarlo, no sin antes murmurar una serie de palabrotas en contra de la otra señora, que triunfal observaba la forma en que Poncio Pilatos se daba el famoso lavado de manos.
Católicos pero con hambre
De igual forma, y a pesar de ser Viernes Santo y de las enseñanzas del catolicismo, y aún con la reafirmación de ir a presenciar la puesta en escena en la que el Hijo de Dios muere, sacrificio que hace por los humanos, no faltó quien hizo a un lado la vigilia y antes de llegar al Viacrucis, durante o al final decidió echarse un taco de bistec, chorizo, cueritos y otros alimentos que contenían carnes rojas, acto reprobatorio por la iglesia católica.
“Pues son cueritos, no son carne, nosotros sí respetamos, pero te digo los cueritos no son carne, son puro cuero y están buenos, además peor pecado sería tirarlos”, dijo uno de los feligreses entrevistados.
El camino de la Cruz
Otra parte fundamental fue la cantidad de comerciantes que desafiaron aquél pasaje bíblico en el que Jesucristo saca a los mercaderes del templo y les dice “dale al César lo que es del César y dale a Dios lo que es de Dios”, ya que durante todo el camino se dedicaron a ofrecer, desde ricas botanitas, hasta barbacoa de pollo, pasando por pescados fritos, antojitos mexicanos, frutas y frituras.
A mitigar la sed
Y al final del Viacrucis, para rematar no faltó el grupo de jóvenes que pasaron por las tienditas de las esquinas de la colonia y aprovecharon la ocasión para tomar algunas cervezas, bajo el pretexto de que “tenían que reflexionar”, o bien que hacía mucho calor. Actos con los que se demuestra que ni por ser Viernes Santo se deja de pecar, y eso que ya no alcanzó el espacio para contar la forma en que algunas parejitas caminaron el Viacrucis, dándose beso tras beso.