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Un ojalá 

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LAS FRESAS DEL OLMO

En el futuro, mi nieto, que vive en México, viaja por el mundo con pasaporte de El Dorado– región que irá de Alaska a Punta de Fuego-.

 

La moneda común, el dorado, será una divisa estable y robusta. Los ciudadanos de “El Dorado” (su gentilicio es los dorados) vivirán en igualdad de condiciones legales. 

No habrá lengua oficial, en las escuelas (públicas, y de primer orden) se enseñará inglés, aimara, español, náhuatl, maya, quechua. Los niños, políglotas desde la primera infancia, aprenderán rápido otros idiomas. Por esta educación pública y gratuita, las espléndidas infraestructuras, la competitividad de la región, la región El Dorado no tendrá rival. 

El nombre El Dorado se eligió después de intensos debates. “América” hubiera sido la denominación lógica, pero venía cargada, porque en su pasado se la había apropiado una porción del continente. Como ésa, no quisieron ninguna que ofreciera una idea segmentada, por esto también se desechó la palabra acuñada Amazolandia, aunque había tenido una aceptación significante. El consenso lo ganó El Dorado. 

Los niños de El Dorado estudian en su libro de texto gratuito Historia Universal, entre otras los Imperios regionales (del Romano al Azteca), la Edad Media, las caídas de los Imperios, las Colonias, los Renacimientos, las Ilustraciones, las Guerras Mundiales, las Guerras Sucias. El último es un deprimente capítulo sobre el Tiempo Siniestro en el que declinó todo humanismo y reinaron estrategias económicas que condujeron a varios poderes al fracaso, y a buena parte del mundo a una crisis que por momentos pareció irreversible. 

Las políticas que estrangulan a las mayorías, que bestializan a los inmigrantes, habrán terminado por estrangular a los que para nosotros – en el ayer de mis nietos- eran los países y las regiones ricas. 

Algunos pasajes son tan dramáticos, que a los estudiantes les da por rebatir con incredulidad los hechos – como que decenas de miles de personas fueran secuestradas, torturadas o esclavizadas, o murieran asesinadas, de hambre, de sed o ahogadas en su camino hacia la región norte de El Dorado (que no es para ellos la más apetecible), o del África hacia la Europa. 

El capítulo del Tiempo Siniestro – el espanto mayor del pasado- está aderezado con múltiples anécdotas para ilustrar la situación, el ambiente de la época, como la del piloto de un vuelo comercial que condujo a todos los pasajeros a su cargo a estrellarse contra los Alpes, o ejemplos de los asesinatos fortuitos en centros escolares o comerciales, de los hombres bomba, de los secuestros masivos de mujeres para impedirles acceder a la educación. 

El Dorado es una potencia económica, y el nivel de bienestar colectivo tiene la medida más alta universal. Hay algunas diferencias en la economía de la región, en la punta están Uruguay, Ecuador y Bolivia, y no hay país que padezca miseria. En El Dorado, el salario mínimo ha quedado igualado, las condiciones laborales de los trabajadores uniformes, y, sobra decirlo, la productividad es muy alta. La salud, como la educación, es un derecho. 

La teletransportación está a la orden y es relativamente eficaz, pero (eso sí) con severas reglamentaciones. Para desplazarse con mayor soltura, no hay nada mejor que un pasaporte dorado, es el que permite mayor movilidad. 

Las voces críticas insisten en que es imperdonable el desdén con que se considera al europeo, así como las restricciones que le imponen a su desplazamiento. Incluso algunos hablan de rencor, diciendo que es lo que se esconde atrás de ese desnivel de trato. En cambio, por los general incluso los críticos aceptan que el combate al trato inequitativo al gringo ya es una página dejada atrás. 

El futuro en que vivirán mis nietos será brillante como una corcholata pulida (y no tendrá marca, sobra decir que las bebidas gaseosas serán cosa del pasado, su pura mención repugna, como el canibalismo o los carnívoros). 

¿Qué es una mafufada mi “¡Ojalá!”? Más nos vale soñar, creer en nuestros sueños y pelear por ellos para revertir la inercia del presente. Si no, nada habrá en el futuro sino un destino negro.