EL PINACATE.
“El Pinacate” no era viejo, si no de tanta borrachera, tenía la cara como Lin Mey, hinchada, le valía madre y decía que más valía morir hinchado que arrugado. Un día me encontraba en brocal del tiro de la mina de San Juan Pachuca, esperando la jaula que nos bajara a 370 metros de profundidad.
Atrás de mi estaban formados varios compañeros como si jugáramos a las cebollitas, agarrados de la cintura, empujaban fuerte y nadie se salía de la fila, el que me agarraba de la cintura era el Cotorro, a el lo agarraba un pinché naco, que le decíamos el Cayo. Al ser empujado se le pegaba mucho a las nalgas del Cotorro, y le decía.
• ¡Cotorro, Cotorrito! Dame a tu jefa Cotorro.
• ¡Te voy a dar en la madre, pinché Cayo! me estas canaliando.
Cuando llegaba la jaula por lo empujones, entrábamos de a madrazo, se llenaba rápido no dejaba acomodarnos, quedábamos sin podernos mover, cara con cara, o con la gorra de lado. Al cerrar la puerta el calesero, daba los toques al malacatero, y nos bajaba a la mina, todos se quedaban callados, y a gran velocidad pasábamos por los niveles que son metros de profundidad.
Cuando llegábamos al nivel 370, abrían las puertas y salíamos corriendo, el que se apendejaba, lo tumbaban.
Corríamos al comedor para buscar una mesa, todos sabían con quien iban a comer, Yo llevaba dobladitas con chile pasilla, otros llevaban tacos de frijoles, algunos en frascos llevaban arroz, con caldo de fríjol, otros nopalitos con chilito verde, el menú, nunca cambiaba por lo jodido que estábamos.
Dos compañeros era los indicados para calentar la comida, tenían autoridad de darle un madrazo en el hocico, a quines se adelantaran a comer teníamos que estar atentos cuando el encargado dijera (PleyyBall) al escucharlo todos a comer, nadie hablaba ni platicaba, porque los demás les ganaban, solamente movían las orejas.
Cerca de nuestra mesa se encontraba el Pinacate, se paseaba de un lado a otro, nervioso, desesperado, tenia una cruda de varios días, y me dijo en la oreja.
• ¡Regálame tantito pulque!
• ¡No tengo pero ahorita te lo consigo!
Cuando me iba a levantar el Cayo, me sentó jalándome del cinturón violentamente.
• ¡Acaba de tragar cabrón! Luego en el trabajo andas arrastrando las patas.
• ¡Le voy a conseguir un trago de pulque al Pinacate! Pobrecito tiene los ojos de borrego a medio morir.
• ¡Eso a ti que te importa Gato, pendejo, déjalo que se muera!
Como el Cayo, no me dejaba levantar el Pinacate, le dijo.
• ¡Déjalo hermano! Hoy por mi, mañana por ti.
• ¡Hermano! Si n o tengo la cola larga. Pinché borracho, cuando vengas así trae lo tuyo.
• ¡Lastima que estamos aquí abajo si no…!
• ¿Si no que pendejo?
El cayo le dio un aventón, que lo tumbo el Cotorro, se levanto para madrear al Pinacate. Para que lo dejaran en paz les dije.
• ¡Los están dejando sin comer!
• ¡Ay gûey!
Se sentaron a seguir comiendo, para emparejarse agarraban tacos dobles. Me levante y le fui a conseguir el pulque al Pinacate, sabía lo que es una cruda en la mina.
Me dirigí al Pelos, que era el motorista del Acarreo General, Le pedí que me regalara pulque, sin dejar de masticar me acercó el garrafón. Al ver que lo iba a echar en una botella de refresco, me lo quito y me mentó la madre.
• ¡Para tomar aquí lo que quieras! Para llevar madre.
Intente con varios compañeros, pero todos me lo negaban, el Pinacate, me miraba abriendo los brazos como diciéndome ¿Qué pasó? Le hacía señas con los dedos que se esperara un ratito.
Me acerque con Leonel el rielero y le dije.
• ¡Regálame tantito pulque carnal!
• ¡Sale!
Llene la botella le di las gracias, cuando pase junto a mis compañeros, se habían acabado toda la comida parece que había pasado por ahí Marabunta, el que me regaño y me dio de patadas fue el Cayo.
• ¡Te lo dije pinché Gato Seco! por andar de samaritano no comiste.
Le di la botella al Pinacate y en dos tragos se la chingo.
• ¡Ahh! Me supo a toda madre, con eso me alivianaste.
• ¡Para la otra vez guarda algo!
• ¡Siempre lo hago mi Gato! mi vieja se encabronó porque llevo 3 días chupando me lo tiro. Pero cuando salga la voy a madrear.
Llegamos a un lugar donde teníamos que subir escaleras verticales, y hacía mucho calor, los compañeros para tener fuerza, antes de subir tomaban su pulque, el Pinacate se los quedaba mirando saboreándose.
Íbamos a trabajar juntos el Cayo, el Cotorro, el Pinacate y Yo. Nos pusieron a llenar las góndolas e irlas a vaciar, le caben dos toneladas de mineral y para poder vaciarla teníamos que empujar parejo, si no se vaciaba y se regresaba a la mitad era muy difícil volverla a vaciar. A medio del turno nos pasó, el Cayo nos dijo.
• ¡Ves pendejo Pinacate! Todo por tu culpa, y también tú pinché Gato Seco, por no comer no tienes fuerzas, ¿ahora como la vaciamos?
El cotorro fue por un tubo lo metió en medio de la concha y dijo el Cayo
• ¡Tú Pinacate, empujas de una orilla, yo de la otra, Tú Cotorro, le metes el tubo y haces palanca, tu Gato Seco, le levantas el freno y a la de tres empujamos.
El cayo contó los tres, el Cotorro al hacer palanca, el tubo pego en el trole, que es el conducto de alta tensión, y nos agarro la corriente. El Pinacate le aventó unas patadas voladoras, que lo boto varios metros, la corriente le entro por una mano, y le salio por una pata, pero estaba vivo, a nosotros nada mas nos dio un fuerte toque. Cuando se enteraron los compañeros que el Pinacate nos había salvado. Todos le ofrecieron pulque, se lo tomaba parecía carburador de cuatro gargantas, el Pinacate se convirtió en héroe.
Pasaron los meses y supimos que “el cotorro se había aliviado de sus lesiones, nos juntamos lo cuates del contrato de la mina, y le entramos con una lana, le íbamos hacer una fiesta a “El Cotorro” me dijo “El Cayo”
• ¿Sabes a donde anda el “Pinacate?”
• Trabaja, en el aserradero.
• Mañana lo buscas al cabrón, le dices que le vamos hacer una fiesta en la casa del “Cotorro”
• Te ando buscando.
• Si no soy hueso, para que soy bueno.
• Te vamos hacer una comida por salvar la vida del “Cotorro” llevas a toda tu familia va hacer el sábado.
• Somos un chingo, mi vieja, mi suegra mis dos cuñadas y mis 10 hijos.
• Si quieres llevas a tú mamá.
• Hay si va a estar lo cabrón, tengo que desenterrarla en el panteón, ¿Dónde va hacer la pachanga?
• En las Lanchitas junto al estadio de Béisbol; te metes por el callejón y cuando salga un perro ahí es. Pero no dejes de ir.
• No ni madre, a la gorra no hay quien le corra.
Ese día llegaron los invitados a la casa del “Cotorro” después Manuelita la mamá del “Cotorro” agradeció al “Pinacate” por haber salvado a su hijo y le dijo.
• No sabe usted señor “Pinacate” como le agradezco que haya salvado a mi hijo,
La señora se cubrió el rostro, y ya no pudo hablar más el llanto no la dejo, “El Pinacate” la abrazo y dijo.
• No tiene nada que agradecerme, era mi deber como amigo y compañero, además usted no hubiera perdido mucho por el Estado de Veracruz venden cotorros más bonitos y menos groseros que este cabrón.
En ese momento entró don Julián que era el papá del “cotorro” traía del brazo a un viejito muy risueño que se presento con todos nosotros.
• Mucho gusto jóvenes me llamo Jesús pero todos me dicen Chuchito.
Don chucho, era un señor como de 80 años de edad, chaparrito estaba pelón con unos cuantos pelos, a los lados, no tenía dientes, y no era tan pendejo porque pidió que le sirvieran su pulque pasaron la horas y cada quien agarró su platica, la mayoría se sentó alrededor del viejito que les contó.
• Yo de joven trabaje en la mina de la Blanca, que se encuentra en San Guillermo, pero luego cerro después me fui para la del Bordo, y luego a la de Dos Carlos, San Rafal, y otras que ni me acuerdo.
Le dijo la suegra del “Pinacate”
• Seguramente usted ha de ver sufrido mucho señor.
• Un poco, El minero debe ser fuerte, y conformista nunca debe andar de chillón, porque nace marcado por el destino. Es como un animal que le ponen una letra en una nalga, Yo siempre estuve adentro de la mina agarrado de la mano de la muerte, es más nos llevamos a mentadas, jugo conmigo me hacia maldades pero me salvo de muchos accidentes.
A don Chuchito se le rozaban los ojos al hablar y pedía que le sirvieran su melón.
En esos momento entró “El Cotorro” le limpio las lágrimas y le dijo.
• Eso fue ayer abuelito, estamos en una fiesta y vamos aprovecharla.
Don Julián, puso en el tocadiscos el “Zopilote mojado” y el viejito se le aventó con la cuñada del “Pinacate” comenzaron las cruzadas y valimos madre, porque todos estábamos bien pedos, y cada quien nos salimos por nuestro lado sin recordar si nos despedimos. “El Calambrina” “El Mollejas” “El Cuervo” y yo, nos fuimos según nosotros rumbo a donde esta el Seguro Social, pero perdimos el rumbo y llegamos a donde estaban construyendo el Palacio de Gobierno, había muchas zanjas angostas y profundas, entre la oscuridad las brincábamos de momento escuchamos un grito: El “Mollejas” se había caído en una de ellas, como se fue de cabeza se le sumió y quedo jorobado pero no lo pudimos sacar llamamos a los bomberos, quienes lo sacaron y lo llevaron a la Clínica Minera, pero no había médicos porque era casi la madrugada del domingo, cargando lo llevamos a su casa, que daba unos gritos tan fuerte que parecía que estaba pariendo chayotes.
Su jefa al verlo llamo a su compadre, y dijo que lo acompañáramos a Pachuquilla, para que lo curara un brujo, amigo de la familia, cuando llegamos la bajamos de una camioneta y por poco se nos desmaya “el Mollejas” por el dolor, dijo el señor que lo pasaran al patio.
• ¿Qué le paso al muchacho?
• Se cayó de cabeza a una zanja.
Ordeno que le quitáramos la camisa, eran como las 9 de la mañana, y nos dijo que lo agarramos fuerte uno de cada brazo, no dejaron entrar a la curación a su jefa, ni a el compadre, saco una pomada y comenzó a untarle con mucho cuidado, nuestro compañero daba unos gritotes de chivo, no se quería callar nos dijo el señor.
• No lo vayan a soltar agárrenlo muy fuerte.
Prendió un puro y le daba unas fumadas, que se veía la lumbre se lo quedaba mirando estudiándolo de pronto movió la cabeza, le dio una fumada al puro y se lo puso en la espalda, al sentir la quemada “El Mollejas” se hizo para atrás, y le tronaron todos sus huesos quedándole en su lugar, “El Mollejas” se nos quedo mirando sonriendo y nos dijo.
• Ya no me duele nada.
Movía su cabeza de un lado para otro, regresamos a Pachuca, contentos de que nuestro amigo lo habían curado, lo dejamos en su casa y nosotros nos metimos a curárnosla en la cantina “El Campeón” que se encontraba en la calle de Ocampo. “El Calambrina” de dijo al “Cuervo”
• Te fijaste que chingón fue el brujo para curar al “Mollejas” con una quemada lo alivio, si lo hubiéramos dejado en la Clínica Minera, lo hubieran enyesado por lo menos unos meses, y hubiera quedado chueco. Eso me da una idea.
Le preguntó “El Cuervo”
• ¿Cuál?
• Ahorita que llegues enciendes un puro y se lo pones a tu vieja en la joroba a ver su se endereza.
Le contestó muy serio.
• Mejor se lo pones a tu madre que parece camello.