“EL PIOJO”
Miguel Sánchez López era un trabajador de la mina de San Juan, donde todos piden pan y no les dan, vivía en el barrio de “La Palma” y estaba casado con María “La Güera”, una vieja que le gustaba el chisme, muchas veces metía en problemas a las vecinas, y le rajaban el hocico por andar de investigadora de vidas privadas.
Un día estaba lavando en pleno rayo del sol, hasta se le escurría el sudor por las orejas, y le dijo a la “Chiva”, la mujer de Juan, que trabajaba en el Rastro Municipal.
- Fíjese usted Jovita, que me dijeron que mi viejo anda de cuzco, con una vieja. Lo he andado espiando y no lo he podido encontrar con las manos en la masa
- Querrá usted decir con las manos en las nalgas, porque así son los canijos, tienen todo en su casa y le andan buscando ruido al chicharrón, la otra vez que mi viejo llegó borracho me soltó la sopa que “El Piojito” tenía otra vieja por las cajas.
- ¡Hijo de todos sus modos! Me cae que el día que le caiga le voy a romper cuanta madre tenga a la pinche vieja, la voy a dejar calva a jalones de greñas, con el hocico de chancla.
- Pero debe usted estar segura “Güera” no por darle al violín, le vaya a dar al violón.
- En la calle de Abasolo hay un detective, voy a ir a verlo para saber cuánto me cobra por seguirlo.
- ¡No gaste su dinero a lo pendejo! Si usted quiere yo le puedo decir a Germán, él fue madrina de la Ministerial, se las sabe de todas, todas, es todo un sabueso, cuando tiene la presa en la mira, no la suelta.
- ¡Hijolé Jovita! Le desconfío, a lo mejor de tanta briaga, ya perdió el olfato. ¿Cómo cuánto me cobrará?
- ¡Para empezar, le va a pedir para un pomo! Pero verá los resultados, como es amigo de los ministeriales, no le cobra las calentadas.
- ¿A mí me las va a dar?
- ¡No “Güera”, a su viejo, si lo encuentra en la movida!
- ¡Pues ya dijo! Nomás acabo de lavar este pinche pantalón y vamos a buscarlo, ¿usted sabe dónde encontrarlo?
- ¡A estas horas ha de estar por la Iglesia de la Asunción, se junta mucho con los merolicos.
- Me voy a llevar unos 100 varos que tengo alzados. ¡Vámonos!
Las dos viejas chismosas dejaron de lavar, y fueron a buscar a Germán, un cuate que no le gustaba trabajar, todo el día andaba chupando, tenía muchas amistades. Al encontrarlo, “La Güera” le contó lo que quería y le dio santo y seña de cómo era su viejo “El Piojo”.
- ¡No se preocupe seño, me voy a convertir en la sombra de su viejo, mañana tendrá informes de cómo es la vieja, que tiene, si está buena o no está buena, pero necesita adelantarme una lana, tengo que comprar una cámara digital, una de video, y contratar a un ayudante, además buscar soplones, a ellos se les da una propina aparte, déme para empezar 3 mil pesos.
- ¡No mame! No quiero que los mate, sólo quiero saber si me engaña o no.
- ¡Mis servicios son profesionales! Trabajo rápido y seguro, me llaman “El Rayo Justiciero”
- Le voy adelantar 100 pesos, quiero noticias lo más pronto posible. Mañana lo vengo a buscar a esta misma hora
- Desde este momento me voy a plantar afuera de la mina, voy a seguirlo, a ver en qué cabeza anda su piojo.
Mientras tanto, “El Piojo” llegó a su casa, al no encontrar a su vieja, buscó en las cazuelas y no encontró nada de comer. Cada minuto que pasaba se ponía muy enojado. Les preguntó a las vecinas que si no la habían visto, le dijeron que a medio día se bajó con la señora Jova.
Eran como las 3 de la tarde, y cuando llegó, se le apareció el diablo encuerado.
- ¿Dónde andabas, pinche vieja chismosa?
- ¡Acompañé a Jovita a un bizne!
- ¡Dame de comer!
- ¡Te tienes que esperar un ratón, ahorita la hago!
- ¡Cuándo será el día en que te encuentre en tu casa, siempre andas de revoltosa, luego por eso te dan en la madre!
- Si quieres esperarte, bien, sino sácate con la otra pinche vieja.
- ¿Cuál vieja?
- ¡Ni modo que sea tu madre güey, me dijeron que le andas jugando al Sancho, el día que te caiga, me cae que te voy a dejar como mariposa, clavado con un cuchillo en el lomo.
- ¡Babosa! ¿De dónde sacas eso? Si apenas puedo mantenerte a ti, ¿cómo voy a mantener a otra? ¡Aunque a veces me dan ganas de…!
- ¿De qué?
- ¡Dame de comer, no tengo ganas de alegar contigo! Luego por ahí andan diciendo que uno es el que provoca la violencia familiar y chingan al prójimo.
La señora, puso a hervir el pollo, haciendo las tortillas a mano, y se lo quedaba mirando con odio jarocho, “El Piojo” se ponía nervioso.
- ¿Qué me ves? ¡Parece que estoy pelando tripas!
- ¡Cállate, pinche viejo mujeriego, desgraciado, maldito mentiroso!
“El Piojo” se levantó y con la mano abierta le pegó en la cara, que la mando de nalgas, la señora se levantó como fiera, le aventó de madrazos, estaba tan enojada que ni uno le pegó. “El Piojo” le tiró golpes y no falló, dejándola tirada, toda madreada, se salió a la cantina. Por la noche regresó y encontró a su vieja chillando.
- ¡Tú te lo buscaste, mi amor! Yo te quiero mucho, jamás he tenido a ninguna mujer. Si me enojo es porque eres muy metiche.
- ¿Me juras que nunca me has engañado?
- ¡Te lo juro!
“La Güera” lo abrazó, lo besó y pasaron una buena noche, al otro día se puso unos lentes oscuros, que hasta parecía cieguita, porque tenía los ojos de cotorra, le dijo a Jovita, que la acompañara a buscar a Germán. Al encontrarlo, este le dijo:
- Le tengo noticias de su viejo, ayer lo seguí, se metió en una casa, con una vieja más jodida que usted, ahí pasó la noche, ahorita lo voy a esperar que salga de su trabajo, para darle más informes. Necesito otros 100 pesos para gastos, y ¡mañana le caemos en la mera movida!
“La Güera” en su bolsa de mandado traía un ladrillo, se lo azorrajó en la mera cara, cayó al suelo y se le fue a patadas, le dijo a su amiga:
-¡Corrale Jovita! ¡Este detective ya valió madre!
“La Güera” y “El Piojo” fueron muy felices, y a ella se le quitó lo chismosa.