“EL COSTRAS”
Víctor “El Costras” salió de su casa todo chinguiñoso, temblando como perro, era mediodía y encontró sentado a medio patio a su compadre, “El Chayote”, que estaba muy pensativo y malito de una cruda, abría el hocico y sus ojos le chillaban.
- ¿Qué te pasa compadre? ¡Te veo muy mal!
- Estoy que me carga toda la grosería, me cae que ya no aguanto la cruda, ayer como rey y ahora como güey. Y la que me echó muchos truenos fue mi pinche vieja, pero ya la tengo apuntada en la lista negra, para darla de baja, por un pelito de rana la desmadro, la salvó la campana, porque el niño chiquito comenzó a llorar.
- ¿No te enteraste de lo que le pasó al Juancho?
- ¡No! Me acabo de levantar, quedamos que nos veíamos hoy para curárnosla y lo estoy esperando, ayer nos pusimos una briaga de las buenas no supe a qué horas llegué a mi casa, ¿qué le pasó?
- ¡Se murió!
- ¡No la chingues compadre! ¿Como fue? Ayer estábamos muy contentos, me cae que se sentía el hombre más feliz del mundo, bailaba y cantaba unas canciones de las que llegan hasta el alma y cada rato nos aventábamos unas cruzadas a salud de las mujeres, aunque mal paguen ¿cómo fue que se murió?
- Según dice su vieja, en la madrugada se paró como loco, a buscar algo para curársela, al no encontrar nada, desesperado se tomó una jarra de agua. Saltó los ojos y dio el mulazo, su vieja quiso levantarlo, pero ya estaba tieso.
- ¡Hijolé, se apendejo! Se le fueron las patas, ¿cómo se le ocurrió tomar agua?
- Ya ves que, así es esto, al mejor tirador se le va la liebre.
- ¡Vamos a verlo!
- ¡Ni madres! Su señora está que echa chispas, súper encabronada con nosotros, echando mentadas parejo, gritó a los cuatro vientos que así como somos buenos para sonsacarlo, le deberíamos de ayudar para la caja y el entierro. Hace un rato estaba yo donde tú estás sentado, me aventó la hablada, me hice pendejo, como si estuviera sordo.
Mandé a mi vieja para que fuera a investigar el por qué murió, la señora la recibió de mal modo, cuando mi vieja le preguntó qué mosca le había picado, se descosió, echando madres a los sonsacadores. Decía que tú y yo somos malos amigos, que a lo mejor ya no quería tomar y le dimos a huevo. Mi vieja quiso abogar por mí, pero la corrió de su casa y le mentó la madre.
- ¡Ah, caray! Eso sí está cabrón lo que no sabe la señora es que a veces la pinche calaca no deja gozar y cuando se le antoja, nos lleva, vamos a curárnosla y regresamos cuando a la vieja se le baje el coraje y a ver en qué le ayudamos.
- ¡Ya dijiste, compadre! Vamos antes de que nos pase lo de Juancho. Voy a mi casa y en un ratón regreso.
“El Costras” entró a su casa por una chamarra, a pesar de que hacía mucho calor, temblaba como perro, por la cruda que tenía. Cuando entró, su vieja estaba barriendo su casa, la basura se la echó en las patas y levantaba mucho polvo, le dijo “El Costras”:
- ¡Échale una meada! Coff, coff, parece que estoy en la mina, haces un chingo de polvo.
La señora le torció la boca y siguió barriendo, levantando polvo a propósito.
- ¡Te estoy hablando! Al menos un pinche burro, al oír que le hablan, mueve las orejas.
“El Costras” movió su mano hacía atrás mentándosela y se salió, la señora le preguntó:
- ¿A dónde vas?
- ¡Voy a tomarme unas copas con mi compadre “El Chayote”, tenemos la boca seca y temblamos como gelatina.
- ¡Con este calor y te llevas tu chamarra!
- Es que tengo frío, por la cruda.
- Entonces llévate una cobija, no te vaya a agarrar una nevada, por lo que veo no escarmientas, cabrón. Estás mirando la procesión y no te hincas, ya ves lo que le pasó a tu amigo y todavía le buscas.
- ¡Al que le toca, le toca! Cada quien tiene su destino, hoy le tocó a él mañana a ti.
- ¡Que poca madre tienes! Eres un irresponsable ¿Qué no piensas? Me cae que si te mueres, les voy a decir a todos los de tu raza que te echen a la fosa común, no tenemos dinero, yo no voy andar de mendiga como Mariquita, pidiendo ayuda para el funeral.
- ¡Ay pinche vieja! No te vayas a embarrar de miel. ¿Desde cuando te preocupas por mí?
- ¡Siempre lo hago, porque si te pelas, ¿quién quieres que mantenga a tanto hijo que tenemos? por eso me dicen “La Coneja”. Pero un día me dan ganas de irme muy lejos y dejártelos, a ver qué haces.
- ¡No me amenaces que no estoy de humor para aguantar todas tus cacayacas! Estás que te vas, que te vas y no te has ido, mejor soy yo el que me voy, no vaya a comer un burricidio, porque además tengo el hocico como de diabético, se me está acabando la saliva, al estar hablando con una pinche vieja loca.
- ¡Lárgate pinche borracho y ojalá que ya no regreses!
La señora le aventó la puerta, por poco y le aplana la joroba, “El Costras” se desquitó con el perro, dándole una patada que lo hizo volar.
- ¿Y tú qué, pinche perro cabrón?
- ¡Apúrate compadre, que me estoy quemando!
- Me acabo de aventar un juego de palabras con mi pinche vieja, me cae que hay veces, que me dan ganas de apachurrarle el pescuezo!
- ¡Los escuché!
- A veces quisiera mejor morirme, ya no aguanto a las mujeres, son aconsejadas por su madre y se nos ponen al brinco.
- ¿A poco mi comadre se te aventó?
- ¡Simón! Me aventó el tejolote, que si no me agacho, me pasa lo que al perico, le tuve que dar un soplamocos, para que sepa quién lleva los pantalones, en la casa, me dijo un sermón como de obispo, poniéndome de ejemplo la muerte de Juancho.
- ¡Iguanas ranas, conmigo, compadre! Yo no le hago caso, solamente le dije a mi vieja: “Botellita de vinagre, todo lo que me digas será pa tu madre”
Llegaron a la cantina y pidieron un pomo, por la pena de la muerte de su amigo, se lo chingaron en menos que canta un gallo, pidieron otro y se pusieron a llorar y le decía “El Costras”:
- ¡Ojalá y Juancho no llegue al infierno, porque le van a dar en toda la madre, porque cuando andaba borracho se la mentaba al diablo, y decía que se la pelaban todos los pinches diablos que cuidan el infierno!
Pasaron las horas y apenas se podían sostener de lo borrachos. El cantinero ya no les vendió qué tomar y los encaminó a la puerta, salieron abrazados de la cantina, cabeza con cabeza, que parecían siameses, llorando a moco tendido, llegaron a la casa del difunto. La señora no los dejaba entrar, pero se metieron a huevo.
Al recargarse, los dos al mismo tiempo en la caja, la tiraron, junto con las velas y flores, llevándose de corbata a las señoras, que rezaban el rosario, quisieron levantar la caja, pero ya se había roto, se les salió el muerto, quisieron pararse para meterlo y se fueron al suelo.
La viuda agarró la tranca y les pegó, dándoles una madriza, que si no es por los que estaban presentes, que se metieron a defenderlos, hubieran acompañado a Juancho a su viaje sin retorno.