“EL ÁGUILA NEGRA”
Juan Pérez “El Águila Negra” era un soñador común y corriente. Le gustaba de a madres la charrería, las peleas de gallos y las carreras de caballos, era todo un tipazo en hablar de esos temas. “El Águila” era un naco grandote, fornido, de esos indios que son bajados del cerro a tamborazos, usaba un sombrero grandote, como de mariachi, color negro, estaba tan mugroso, que con una espátula le podía quitar la mugre, vivía en el barrio del Arbolito, junto a una carbonería y como siempre cernían el carbón, su vieja y sus chavos, estaban negros como pinacates.
Un día entró a la cantina “La Veta de Santa Ana” y ahí encontró a Enrique “El Lechero”, se aventaron unos pulques y salió en la plática el ofrecimiento de venderle el burro al “Águila” y le dijo:
- Me cae de madre “Águila”, el burro que te vendo te va a quedar a la medida, es grande de zancada y cuando lo montes no vas a arrastrar las patas, vas a ir agarrando cayo, cuando compres un caballo vas a ser un buen jinete.
- ¿En cuánto me lo vas a dar?
- Casi regalado, dame 500 pesos, hace un rato un leñador me daba mil, pero lo mandé a la chingada, porque mi burro no nació para que lo carguen de leña, si no para que lo monten. Además no quiero deshacerme de él, porque me recuerda mucho a mi vieja. Desde que me dejó la extraño mucho y andando con mi burro, hago de cuenta que platico con ella.
- ¿Me dejas montarlo?
- Caray, hermano, eso ni se pregunta, quiero verte, a ver lo bueno que eres para jinetear a un animal.
“El Águila” se subió al burro de un salto como lo hacen los vaqueros del oeste, le metió la patas en las ancas, el burro respingo y lo mandó por los aires, el pobre “Águila” no pudo volar, cayó al suelo de cabeza, el sombrero se le metió hasta las orejas, todos los que vieron eso, comenzaron a carcajearse, “El Águila” se sacó el sombrero, se sacudió la tierra y se volvió a subir. Y le decía al burro pegándole por el pescuezo:
- ¡Quieto burrito! ¿Cómo se llama el burro?
- “El Palomo”, eres un chingón ya lo domaste, bájate para que hagamos el trato.
Se metieron a la cantina, el lechero dejó amarrado el burro a un poste, pidió unas cubas, y le dijo al “Águila”:
- Tú dirás.
- Te lo voy a pagar de una vez, ten el dinero, chécalo.
- No hace falta, en los negocios que se hacen derecho, no debe haber desconfianza, el burro es muy económico es como todo lo que encuentra en la calle, déjame bajarle los botes de leche y es tuyo.
Se aventaron una cruzada, se dieron un estrechón de manos, un abrazo y Enrique se despidió, “El Águila” estaba feliz por la compra que había hecho, a todos les invitó una tanda de lo que estaba tomando. No dejaba de platicar cómo iba a ser su futuro con el burro, cuando entró su compadre “El Cabezón” y le dijo:
- ¿De quién es ese pinche burro que está allá afuera? Se lo quiere llevar la policía?
- No la chingues compadrito, es mío.
“El Águila” salió a ver que pex con los uniformados, que tomaban nota y preguntaban quién era el dueño. Se les acercó y les dijo:
- Buenos días, señores, si les gusta el burrito, déjenme decirles que no está en venta, lo acabo de comprar.
- Nos lo vamos a llevar al consejo, está estorbando en la calle y mire cuánto cagadero ha dejado.
- Son sus necesidades jefe, les voy a dar para el refresco y ahí muere la cosa.
- Esta bien, pero lléveselo, si regresamos y lo volvemos a encontrar mandamos a que vengan por él.
- No se preocupen, ya nada más me tomo la del estribo y me voy.
“El Águila” vio que los azules se fueron, les echó la bendición y se metió a la cantina, le preguntó el cantinero:
- ¿Qué pasó?
- Eran unos gendarmes, que se querían llevar a tu hermano, pero con una lana todo está bajo control.
Pasaron la horas y “El Águila” no dejaba de chupar, hasta que lo echaron, como estaba borracho, con muchos trabajos desató a su jumento, se montó en él, pero el burro se quedó parado, se negaba a caminar, como llevaba una vara, le pico la cola, el burro corrió y no paró hasta que llegó a la casa de Enrique, que vivía en el barrio de “La Palma” se enojó y lo agarró a patadas, lo jaló con el lazo hasta llegar a su casa, al subir el callejón los perros ladraban al escuchar las pisadas del animal, al entrar a la vecindad el perro de doña Juana que era muy bravo le dio una mordida al burro, que comenzó a rebuznar y a tirar de patadas hacia atrás, dio media vuelta y salió destapado, llevándose arrastrando al “Águila” que quedó raspado y con las nalgas de fuera, se le había roto el pantalón con todo y calzón, quedó tirado a media calle, se repuso y fue a sacar al burro de la casa de Enrique y furioso lo agarró a patadas:
- Ya me sacaste de onda, pinche burro, te voy a madrear para que me vayas conociendo y obedezcas mis órdenes.
Nuevamente lo llevó a su casa, entró a la vecindad haciendo un ruido de todos los diablos, los perros se le aventaban al burro y “El Águila” no se daba abasto en aventarles piedras. A huevo trataba de meterlo a su vivienda empujándolo por la angosta puerta, hacía mucha fuerza y le gritó a su vieja para que lo ayudara.
- ¡Chencha! ¡Chencha!
La señora prendió la luz, al ver al animal se sorprendió y le dijo:
- Y este pinche burro, ¿Qué?
- Lo compré vieja, para hacer prácticas de charro, pero le vamos a sacar provecho, lo ocuparemos para acarrear el agua, para que lo monten los muchachos, y cuando haya feria, ya no pagamos en los caballitos, cuando tú quieras puedes ir al mandado montada en el burro, yo le voy a enseñar para que seas una buena amazona. Me lo vendió Enrique, el lechero.
- ¿En cuanto te lo dio?
- 500 pesos, fue una ganga.
- Te vio la cara de pendejo, hoy por la mañana estuve platicando con su vieja y me contó que el burro tenía 20 años de edad y lo iban a vender a un circo para darle de comer a los leones, que de perdida se conformaban con 50 pesos.
“El Águila” muy triste miraba a su burro, sin dejar de escuchar las palabras de su vieja, que le encontraba miles de detalles.
- Pinche burro, está chimuelo, nada mas tiene dos muelas, ya no rebuzna, en las patas no tiene herraduras, le voy a quitar el costal para que veas cómo está del lomo. ¡Híjole, en la madre! Tiene un chingo de matadas ¿Cómo se las vas a curar? Las heridas parecen mapas, y ¡ay cabrón! Tiene un chingo de garrapatas
“El Águila” no hablaba, hacía pucheros y su vieja parecía guacamaya, no dejaba de hablar.
- Esos 500 pesos que gastaste en esta porquería me los hubieras dado para comer, o comprarnos calzones, que andamos a raíz, con ese dinero le hubiéramos pagado al pinche viejo de don Molina, que está como cuchillito de palo, no corta pero bien que chinga, cada rato viene a cobrarnos la renta, ya me amenazó, que si no le damos algo nos va a echar a la calle y ti cabrón, todavía te des el lujo de comprar un burro que está a punto de morirse, porque ya rindió en esta vida.
- Ya cállate, vieja chismosa, no le tengas mala fe al burrito, míralo cómo te ve, se queda muy triste, porque estás hablando mal de él.
- Me da coraje, porque sueñas que algún día vas a ser un charro, es mejor que te metas a un sindicato y no compres chingaderas, María me aseguró que en un rancho cualquiera de los que hay aquí cerca, encuentras un burro joven en 200 pesos. ¡Ay, San Pendejo! ¿Cómo te fue a enredar ese cabrón? Mejor en lugar de traerlo aquí, lo hubieras llevado a la casa de tu madre, a ella si le gustan los animales, te tiene a ti y a tus hermanos, que se parecen al burro. No entiendo me cae, que hayas comprado un burro de la tercera edad.
“El Águila” se levantó muy enojado y le dio un aventón a su vieja, la mandó de nalgas.
- ¿A ti qué te importa? Hasta lo que no tragas, te hace daño, el trato fue de bigote a bigote, ya si perdí, ni modo, tú bien sabes que me encantan los animales cuadrúpedos, ya me tienes hasta la madre y si no te callas el hocico, te voy a dejar como está mi burrito de chimuela y si no te parece lo que te digo, vete a la casa de tu jefa y le dices que te corrí, porque traje un burro más abusado que tú. Este animal se queda porque se queda.
La señora vio tan enojado a su marido que ya no le dijo nada, muy seriecita se fue a dormir y escuchaba a su viejo borracho que le ofrecía disculpas al jumento. Al día siguiente, la señora al levantarse temprano, le dijo al “Águila”
- ¡Viejo, viejo! El burro está muerto.
- En la madre, ahora cómo lo sacamos de la casa.
“El Águila” fue a buscar a sus amigos para que le echaran la mano, y lo sacaran de su casa, lo bajaron al barrio y tuvo que alquilar una camioneta de mudanzas, porque el camión de la basura no se lo quiso llevar. “El Águila” se quedó con las ganas de ser charro, pero demostró que es bueno para montar, porque tiene un montón de hijos.