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Un Infierno Bonito

“El Gallo”

El barrio de “La Palma”  tiene vecindades grandes, a punto de derrumbarse, callejones empedrados y un montón de perros. En ese lugar la cigüeña fue a tirar a Jorge Martínez; su padre era minero y como fue creciendo le fueron dando diario un vaso de pulque, para que se le amacisara el cuajo,  a través de los años agarró cayo y pedía más.

Ya de grande se casó con Cata,  La hija del “Virolo”, vivían en la calle de del Porvenir, y como le entraba al pulque muchachero tenía muchos  hijos. “El Gallo” trabajaba en la mina del Álamo, comenzó a faltar, lo corrieron y se dedicó a chupar.
Diario lo sacaban de la cantina, cargando, se había vuelto universal, ya no tomaba pulque, sino cerveza, caña, marranilla y teporocha, su vieja estaba hasta el gorro, porque lo encontraban tirado o se lo llevaban al bote por dormir “la mona” en la calle.
Por consejos de sus amigas y vecinos, lo llevó al grupo de Alcohólicos Anónimos, pero no le dio resultado, lo llevó a la Villita, de la ciudad de México, para que jurara ante la Virgen de Guadalupe que iba a dejar de tomar, al ver a la Santísima Virgen de cerca, se puso nervioso y cuando juró por 10 años no tomar, se equivocó y le dijo de no trabajar.
Como Cata sabía que la Virgen es muy castigadora con los que no cumplen su  juramento, tuvo que soportarlo. Vivían en la pobreza, Jorge no trabajaba, ella le buscaba la forma de darles pipirin, a sus hijos, planchando y lavando ajeno, a veces trabajaba tiempo extra para sacar para la renta, la luz y el agua.
Una vez Cata, bajaba echa la mocha por el callejón, se llevó de corbata a su comadre, que cayó hacia atrás parando las patas y se pegó en la cholla.
    •    Ay comadrita que madrazo me puso, ¿Dónde va?

    •    Voy al empeño, ya es tarde y si no me cierran, ahí le encargo a mis hijos.

    •    Para otra vez baje despacio, me dio un caballazo.

Cata, la dejó hablando sola, llegó al empeño, se formó esperando su turno, cuando llegó, le preguntó el valuador:
    •    ¿Qué va a empeñar, señora?

    •    Esta argolla y mi medallita, que son de oro, de 40 quilates.

    •    Le voy a prestar 100 pesos, el anillo está muy desgastado y la medalla iguanas ranas, no se sabe de qué santo es.

    •    No mame, es oro del bueno, muy fino, por eso se gasta con facilidad, súbale unos varos más. 

    •    Está bien, 20 pesos más.

La señora pasó al mercado, compró verduras, patas de pollo y alas, pasó a darse una persignada a la iglesia, a pedirle a Dios que quitara a su viejo de la borrachera y agradecerle porque comía un día más, cuando llegó a su casa, encontró a su hijos que daban un concierto, chillaban de hambre.
    •    Cállense el hocico, en un momento les doy de comer.

    •    ¡Qué bueno que llegó comadrita! Los escuincles ya me tenían con los pelos de punta, si no llega a tiempo me cae que les hubiera apretado el gañote, no sé cómo los aguanta y a mi compadre, que se pasa de en las cantinas.

    •    Yo tengo la culpa comadre, mis padres me dijeron que no me casara con él, porque era muy chupador y por mis calzones lo hice. Ahora tengo que chingarle, no le puedo decir que me echen la mano, porque me sueltan un sermón. A mi viejo, estoy a punto de tocarle las golondrinas, parece que su      madre lo parió en una pulquería. Pero como soy casada por las tres leyes, no me queda otra que aguantarme.

    •    Debería ser fuerte, yo sufría hambres, madrazos de parte de su compadre, hasta que me sacó de onda y lo mandé a volar y vivo sola, pero feliz.

    •    Ya no me diga nada comadrita, cada que me dicen algo siento como si me dijeran que soy una pendeja.

    •    No se moleste, pero tengo una amiga en el trabajo que me contó que su viejo se volvió chupador profesional, todo se tomaba, con decirle que le entraba al alcohol que venden en las farmacias. Pero un día consiguió unos polvos, se los echaba en la comida y en poco tiempo dejó de tomar.

    •    ¿Será cierto comadre?

    •    Yo conozco al señor, llegaba orinado y revolcado con el pájaro de fuera, ahora es un buen hombre, trabajador y a mi amiga no le falta nada.

    •    ¿Cómo se llaman esos polvos?

    •    ¡Sepa la bola! Eso nunca me dijo, es un secreto. Pero si gusta, le digo que me venda los polvos.

    •    ¡Gracias comadrita! No sabe cómo se lo voy  a agradecer, a mi viejo ya le veo una pata en el panteón, luego me da tristeza, sus ojos parecen de muerto, no tienen brillo, su piel se le está haciendo como chale, amarilla y el hocico ya lo tiene como de chango, de tanto tomar.

    •    Ya me voy comadrita, no vaya a venir el compadre y piense que le estoy dando malos consejos.

    •    ¡No se le olvide lo que me dijo de los polvos, le voy a pedir a Dios verlo en su juicio!

Una mañana, llegó Luisa:
    •    Buenas comadrita, ya le conseguí los polvos, póngase muy abusada no se los vaya descubrir, se los da en una comida sabrosita. Para que no lo note, luego nos vemos

La señora, muy contenta, lo despertó.
    •    ¡Viejo, despierta! Te hice unos chilaquilitos a toda madre, te compré una cerveza para que te los bajes!

“El Gallo” comió como pelón de hospicio, pero al poco rato le dio diarrea, no quería salir del baño, doña Cata fue a ver a su comadre.
    •    ¡Ay comadrita! A su compadre, ¡le dio un chorrillo! No le para al pobre.

    •    No se preocupe, comadre, me dijo mi amiga que era la reacción por ser la primera vez que le da los polvos, pero después se le quita.

    •    ¿Y si no, comadrita? ¿qué voy a hacer?

    •    Si quiere que al compadre se le quite lo borracho, tiene que seguir dándole los polvos. La diarrea es para que le limpie el menudo.

Pasaron los días y “El Gallo” no salía del baño, eso hizo que la señora fuera a ver a su comadre.
    •    Comadrita, mi viejo sigue iguanas ranas, el pobre está que saca la carne de la olla, ya se le sumieron los ojos, parece calaca, ya no tiene fuerzas, si no se agarra de la pared, se va de hocico, ya no quiere comer, porque de la cama al baño.

    •    No se preocupe comadrita, mañana le pregunto a mi amiga, mientras déle un hueso de aguacate, para que se tape.

    •    Eso es lo que voy a hacer, porque fui a ver a mi suegra y me dio la hierba tapacola y no le hizo nada, sospecha que le di toloache, porque anda muy menso.

    •    ¡Mañana le traigo la respuesta!.

Muy temprano doña Cata fue a ver su comadre y le dijo:
    •    ¡Ya le pregunté a mi amiga y me dijo que a su esposo nada más le dio un día chorrillo y luego se le quitó.

    •    ¡En la madre! El mio lleva 15, el pobre parece esqueleto de mosco, ya me aventé una bronca con mi pinche suegra, se me puso pendeja y me acusó de bruja.

    •    ¡A ver comadrita, enséñeme los polvos para decirle la cantidad que le ponga, porque a mí se me hace que le está dando doble ración.

La señora fue corriendo y se los dio, la comadre los abrió y le dijo:
    •    No mame comadre, estos no son los polvos, que yo le entregué, los que le di son amarillos y estos son blancos, lo que le está dando es veneno para las pulgas, con razón se está muriendo, suspéndaselos de inmediato.

La señora Cata llegó a su casa y le hizo un caldo de pollo a su viejo.
Poco a poco, “El Gallo” se fue reponiendo, comenzó a caminar y cuando lo logró, lo primero que hizo fue meterse a la cantina, doña Cata le dio gracias a la Virgen de Guadalupe, por salvarlo por un pelito de rana.
De chupar nunca lo pudo quitar y mejor lo dejó hasta que se diera en su madre por su propia mano. Así pasó el tiempo y doña Cata no le decía nada, hasta que un día le fueron a avisar de que se la había parado, se puso muy contenta, luego le dijeron que se le paró pero la molleja y quedó muerto en la calle.