HOMO POLITICUS
Siempre a través de la luz de tu sonrisa, con esa singular alegría que compartías y que todo mundo podía ver; desde tus largas horas de trabajo lo mismo en Chile que en México, con tus bromas y chistes, así te recuerdo.
En la casa mi madre te aguardaba con los ojos llenos de ti, expectante, con la comida caliente para escuchar de tus cosas, de tu trabajo, mientras nosotros como niños te saludábamos y nos enterábamos de lo tuyo.
Admiro tu sencillez, tu valentía y bondad, esa generosidad que hizo que muchas personas te quisieran, esa honradez inamovible que todos conocieron y reconocieron.
Muchas de tus palabras se quedaron en mi mente, muchos de tus gestos están en mi cara, parece que te hubieras extendido en las risotadas de Nander, en el brillo de los ojos de Stivaliz, en la calidez humana de Paula y Karla, en ese corazón abierto que admite la verdad de lo sublime y prodiga el amor.
Has dejado un gran vacío, un espacio que no se puede llenar, en donde la melancolía habitará por siempre, dejaste un recuerdo abierto entre tus compañeros y amigos que con lágrimas en los ojos te dieron un último ¡hasta siempre!
En tus años mozos, tus ideales te llevaron a sacrificarlo todo, dejando inclusive tu país, a tus viejos y hermano; quizá esta fue una herida que con dignidad llevaste y tus hijos compartimos, era nuestra herida y nos ha dolido siempre, pero caminaste por las “grandes alamedas” y México también te quiso y quiere; rescato tus palabras, “también México es mi tierra, me dio la oportunidad de hacer otra vida y quiero a México”, qué aleccionador tiene el eco de estas palabras hoy que ya no estás.
Las horas transcurren y mi angustia aumenta, camino y te veo, te pienso con el cansancio de esos últimos años, te recuerdo con la fuerza de tu juventud, admiro tu visión de vida y a tus palabras que intentaron guiar mi camino, mis zonas oscuras, te recuerdo al lado de mi madre, ambos riendo en esas fiestas, ambos chacoteando, te recuerdo cuando hacías como que destapabas una botella de coca cola con tus ojos, te recuerdo siempre guapo.
Gracias por mi primer juguete, gracias por regalarme mis estudios, gracias por tu humildad que siempre dignificó todo lo que tocó, gracias por retarme, gracias por educarme, gracias por ese amor que llevaré por siempre en mi corazón, gracias por llamarme carloncho.
Gracias papito y perdona mi inconsciencia temeraria, no hay un adiós, sino el tránsito que me hará unirme en la energía, de mi madre y tuya, en la esencia que nos une, gracias papito.