REPORTAJE ESPECIAL
El Monte de los Olivos, el Río Jordán y Jericó
El Monte de los Olivos está en el Valle de Cedrón, en Jerusalén; sigue siendo un jardín como cuando estuvo aquí Jesús; aquí enseñó a la humanidad como comunicarse directamente con el Señor con la oración del Padre Nuestro, y también es el lugar donde fue entregado por Judas. Jesús acostumbraba pernoctar en este lugar y también enseñar a sus apóstoles; de aquí salió para entrar a Jerusalén a lomos de un burro.
RÍO JORDÁN
El Río Jordán está cerca; Juan –primo de Jesús- anunciaba la llegada del Mesías y pedía a la gente –a la que sumergía en las aguas- arrepentirse; en estas aguas bautizó a Cristo y, cuando lo hizo se abrieron los cielos en medio de un gran resplandor y bajó del cielo el Espíritu Santo, en forma de paloma mientras se oía una voz que decía – Este es mi hijo amado, de quien estoy satisfecho y complacido-, según dicen las escrituras. Y Jesús lleno del espíritu divino, se marchó y se dirigió al desierto. El río es el mismo de hace dos milenios, tranquilo, lleno de divinidad. Muchos turistas vestidos de blanco entran a sus aguas para rebautizarse. En pequeñas tiendas de souvenirs se venden recuerdos: rosarios, tarjetas y, por supuesto pequeñas botellas con agua del Jordán.
Después nos dirigimos a Jericó, con alrededor de 10 mil años de antigüedad, ciudad de las palmas, situada en Cisjordania cerca del río Jordán en Palestina, te visten en segundos como árabe para que les compres la indumentaria; también hay por supuesto dátiles, un pequeño puesto de frutas y pulseras, collares y unas tiras de tela para la cabeza que dicen Palestina.
Cual perro faldero está echado un camello y en tres segundos visten al turista como árabe y lo montan en el camello para dar la vuelta y que le puedan tomar la foto del recuerdo.
Los habitantes que aquí nos venden se parecen a los comerciantes mexicanos te ruegan con sus pieles bronceadas que adquieras algo. Les compras collares de piedritas verdes y multicolores, porque además de bonitos –piensas- ¿cuándo volverás con los palestinos?
Enfrente una montaña mediana y desértica se presenta ante los ojos de los turistas. Es la misma montaña donde Jesús fue tentado por el diablo. Antes de predicar permaneció ayunando en el desierto por cuarenta días y 40 noches. Después del ayuno Jesús tuvo hambre.
El tentador se le acercó a Jesús, en este montículo de tierra que vemos, y le propuso:
– Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Jesús le respondió:
– Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:
-Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:
“Ordena que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna”
-También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios –le contestó Jesús.
En Jericó asoma un sicomoro y da pie para que el guía explique que en uno semejante, Zaqueo, quería ver a Jesús cuando predicaba, tal vez también tocarle, pero como era chaparrito y la multitud le impedía verle, se trepó a un árbol como éste (en este mismo lugar) y cuando Jesús le observó le dijo: “Zaqueo baja de ahí porque me quedaré en tu casa”. ¡Gran alegría para Zaqueo!
Aquí en un restaurante, junto a su fuente orgullosa: dice una placa que Jericó es la ciudad más antigua del mundo. Los visitantes comen el shawarma (lomito árabe), en un pan de pita el cual es una especie de torta delgada y redondita de harina de trigo y adentro le ponen el lomo y falafel, croquetas pequeñas elaboradas con pasta de garbanzo o haba.
Mientras observo cómo elaboran el shawarma pienso en los muros que rodeaban a Jericó porque esta ciudad tenía bien cerradas sus puertas por miedo a los hijos de Israel. Nadie entraba ni salía.
En el antiguo testamento dice que el profeta Josué, por orden del Señor, dijo a sus sacerdotes:
– Caminen y que siete sacerdotes vayan tocando siete trompetas delante del Arca de la Alianza.
Y añadió dirigiéndose al pueblo: marchen y den una vuelta alrededor de la ciudad, en silencio. Así lo hicieron por siete días. Al séptimo día tocaron las trompetas con gran fuerza y las murallas se derrumbaron. Se salvaron sólo las mujeres que habían ofrecido hospitalidad a los israelitas.
Si en ese tiempo no eran hospitalarios, los actuales residentes de Jericó son bastante amables y hospitalarios. La ciudad tiene la grandeza y nobleza de lo antiguo. Ha terminado otra etapa tras los pasos de Cristo.