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Trago, baile o privado

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PROSTITUCIÓN: EL CAMINO QUE NO ES FÁCIL/ REPORTAJE PARTE 3
    •    ”Los shows tienen que hacerse con la puerta principal cerrada debido a que en los permisos, la presidencia sólo nos permite laborar como servicio de bar, no están permitidos los desnudos por la zona en la que nos encontramos, las chicas igual pueden trabajar pero tendría que ser sólo compañía” 

Al caer la noche, el oficio más antiguo continúa. Dentro de uno de los tantos centros nocturnos situados en la capital hidalguense, entre luces de neón, humo de cigarro y bebidas embriagantes, se encuentran mujeres de diferentes edades, con vestidos cortos, que sólo cubren hasta la espalda baja, entre otras prendas que no dejan mucho a la imaginación de los clientes.
Sentadas en las piernas de hombres, de entre 50 y 55 años, tres damiselas hacen señas a los meseros para que les sirvan los tragos que les han invitado los clientes.
DE BARES A CENTROS NOCTURNOS
Empiezan a bajar el volumen de la música para anunciar la tercera llamada e invitar al centro de la pista a “Merani” y “Jazmín”, quienes darán un espectáculo en un pequeño espacio, improvisado  escenario rodeado de mesas y tipos observando. La puerta principal es cerrada para dar inicio al show. Tras escucharse dos canciones, una con ritmo un poco cadente y otra algo más sensual, las mujeres se despojan de su ropa hasta quedar completamente desnudas.
En Pachuca, cerca de escuelas, viviendas y centros de trabajo, operan centros nocturnos que ofrecen servicios de la 11 de la mañana y hasta las 3 de la madrugada, teniendo para ello dos formas de hacerlo: la primera es de 11 de la mañana a 8 de la noche, dejando entrar a jóvenes que llegan a convivir y a tomar uno que otro trago; pero, pasando las 20 horas, es el turno de que lleguen “las chicas” y el cambio tanto de cartas de consumo como el ambiente comienzan a cambiar.
“A partir de las ocho de la noche tienen que llegar las muchachas para apuntarse en una lista, la cual indica que ingresaron al lugar, si llegan después de 8:30 o a más tardar a las nueve, se le empieza a descontar”, explicó Mary, quien está a cargo del establecimiento.
La mayoría de estos lugares trabajan coordinadamente, para poder cambiar a sus “chicas” entre bares y así los clientes no se aburran de ver siempre lo mismo.
“De lunes a miércoles las chicas que vienen son pocas, alrededor de cinco  o seis chavas por noche, los fines de semana, iniciando los jueves, abundan; los domingos no se abre”.
A diferencia de las mujeres que están a pie de carretera, las trabajadoras de estos lugares están más protegidas por las personas encargadas, aunque no se descarta que estén expuestas a  peligros como enfermedades de transmisión sexual, violencia y adicciones.
“Las mujeres que laboran aquí les toca de todo, desde hombres muy perfumados y con muchos billetes, hasta los hombres gordos que huelen feo y sólo les invitan un trago para estar con ellas y manosearlas, incluso hay algunos que hasta se vienen a enamorar”, continúa la entrevistada.
Tras acabar el show donde las “damas” descubren sus cuerpos, ellas entran a un pequeño cuarto en donde se encuentran sus vestuarios que utilizan para seguir la noche. Si un cliente quiere estar en privado con ella o tener sexo, tiene que hacer diversos pagos, dependiendo el servicio que desee.
“Invitarle un trago a una de las ‘chicas’ tiene el costo de cien pesos, así como hacer un baile erótico a un cliente; un privado tiene el costo de mil 200 pesos, el cual consta de 40 minutos, cinco tragos dobles y un condón”.
Las jóvenes que laboran en el lugar tienen un sueldo, que depende de su físico, más una ganancia  por cada servicio prestado. “Si a una chica le invitan una copa, ella gana la mitad de lo que cuesta la bebida, igual si hace un privado, se le da la mitad de lo que se cobra”, refiere Mary.
Los privados se hacen en un apartado del salón, tras una cortina roja; para ingresar ahí, se le comunica a un mesero, quien se encarga de acomodar el lugar para que el cliente y su acompañante puedan entrar, no sin antes hacer un pago por adelantado. Después de salir del privado la chica regresa con sus compañeras y se sienta en otra mesa, con otros hombres, para seguir laborando.
SHOWS CLANDESTINOS
En este centro nocturno los shows de desnudos se hacen dos o tres veces por noche, dependiendo la cantidad de mujeres que se encuentren laborando. Bailar una canción con algunas de ellas, tiene el costo de 30 pesos, esa es otra de sus ganancias por noche.
“Los shows tienen que hacerse con la puerta principal cerrada, debido a que los permisos de la presidencia sólo autorizan laborar como un servicio de bar, no están permitidos los  desnudos, por la zona en la que nos encontramos; las chicas igual pueden trabajar, pero tendría que ser sólo de compañía”, acota la encargada del negocio.
Se han hecho operativos en varios bares, en distintas zonas de Hidalgo, siendo clausurados algunos de ellos debido a que no cumplen con lo establecido en los reglamentos.
“Aquí han venido varias veces (los encargados de vigilar), por ello tratamos de pedir siempre una identificación que acredite que las personas que ingresan son mayores de edad”.
“Yo admiro y respeto a las mujeres que trabajan en estos lugares, pues se enfrentan a muchas cosas, aparte ya saben cómo hacer su trabajo,  identifican quién trae dinero y quién no, y cuando saben eso no se despegan de ellos. Yo no tendría el valor para dedicarme a esto, aunque en ocasiones, siendo mesera, me propusieron hacerlo, y no lo descartaría si me llegara a faltar algo de dinero, debido a que tengo un hijo que está por ingresar a la universidad, y si no hubiera de otra, sería mi última opción”, concluyó la responsable del desveladero.