La Oficina de Derechos Humanos de la ONU elaboró un informe en el que denuncia que la mayoría de ataques contra civiles perpetrados en 2015 han sido obra del Gobierno y de sus milicias aliadas y que todas las fuerzas enfrentadas están utilizando de forma masiva las violaciones como “arma de guerra”.
El documento describe una “multitud” de “horribles” violaciones de Derechos Humanos y denuncia que el Ejecutivo ha llevado a cabo una política de “tierra quemada” y actuando de forma deliberada contra los civiles con “asesinatos, violaciones y pillaje”.
El informe de Naciones Unidas señala que “todas las partes” implicadas han incurrido en “formas de violencia grave y sistemática contra civiles” desde que comenzó el conflicto en diciembre de 2013 pero deja claro que los “actores estatales son los que más responsabilidad tienen por lo sucedido en 2015, “dada la debilidad de las fuerzas opositoras”.
El análisis pone de manifiesto que el nivel de violencia sexual es “particularmente estremecedor”, con más de 1.300 denuncias de violación entre abril a septiembre de 2015 en solo uno de los diez estados del país.
“Fuentes fiables indican que los grupos aliados del Gobierno están siendo autorizados a violar a mujeres como pago de sus sueldos pero los grupos de oposición y las bandas criminales también están atacando a las mujeres y las niñas. El nivel y los tipos de violencia sexual, principalmente por parte de las fuerzas gubernamentales SPLA y las milicias afiliadas, son descritos con detalles devastadores y brutales, toda vez que hay una actitud trivial y calculada por parte de los que asesinan a los civiles y destruyen propiedades y bienes”, denunció el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Husein, en un comunicado.
Tras advertir de que la cantidad de violaciones y violaciones en grupo descritas en el informe podrían ser solo “una instantánea del total real”, Zeid subrayó que la situación de Sudán del Sur es “una de las más horribles del mundo” en materia de Derechos Humanos, con un “uso masivo de la violación como arma de guerra e instrumento del terror”, sucediendo todo ello “más o menos fuera del radar internacional”.
El informe fue elaborado por un equipo de evaluación enviado por Zeid a Sudán del Sur desde octubre de 2015 hasta 2016, en cumplimiento de una resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.