“Diré con una épica sordina:
La Patria es impecable y diamantina”.
Ramón López Velarde.
Aunque estamos en septiembre, mes de la Patria, sé que por hablar de ella algunos me tildarán de anacrónico patriotero, nacionalista obsoleto y hasta ridículo juglar de tiempos idos. A pesar de todo, sin importarme el tono de mofa con el cual alguna producción del cine nacional tomó el nombre del inmortal poema, hoy, más que nunca invoco con seriedad la lírica creación del vate zacatecano Ramón López Velarde.
Como un tenor que quisiera emitir los graves tonos de un barítono o de un bajo, el poeta lírico se transformó en épico para decir: “Suave Patria permite que te envuelva / en la más suave música de selva / con que me modelaste por entero / al golpe cadencioso de las hachas / entre risas y gritos de muchachas / y pájaros de oficio carpintero. / El Niño Dios te escrituró un establo / y los veneros de petróleo El Diablo /.
Ahora que el concepto de Soberanía se encuentra sujeto a nuevos paradigmas; cuando los tratados internacionales alcanzan el mismo rango que los imperativos constitucionales; si éstos han sido suscritos por México, fundamentalmente en materia de derechos humanos. Cuando el Niño Dios ya no escritura establos porque esa facultad la acaparan los grandes consorcios nacionales e internacionales y el mismísimo Diablo advierte que los veneros de petróleo con que dotó a nuestro subsuelo están en franca decadencia por los complicados movimientos del mercado global.
Cuando los niveles de migración en Europa registran números, solamente igualados por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y sus estándares de violencia, marginación, hambre y miseria… me parece mezquino no cantar a México. Es cierto, tenemos problemas, pero todavía tenemos Patria, a pesar de quienes preferirían que el Diablo se llevara a las instituciones, en venganza por la desconsiderada baja de su donación: el petróleo. Juego económico que ya casi terminó con Venezuela y que algunos quisieran revivir aquí. Quede claro: prefiero ser un patriota irredento que un apátrida, sin amor por los valores fundamentales del suelo que lo vio nacer.
Por desgracia muchos integrantes de las nuevas generaciones ya olvidaron las lecciones de la historia, o tal vez nunca las aprendieron porque sus profesores tenían cosas más importantes que hacer, por ejemplo: una huelga, una toma de carretera o el incendio de alguna oficina pública.
No saben que el libertador y poeta cubano, José Martí decía: “Patria es, comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”.
Ya olvidaron, o nunca han sabido que hubo un Vicente Guerrero que, forzado a elegir entre la vida de su padre y los valores de un México naciente, dijo sin titubear (Juan de Dios Pesa dixit): “Tu voz es, padre para mí sagrada, más la voz de mi Patria es lo primero”.
Villagrán, en Huichapan, ante la muerte de sus hijos pronunció la misógina pero realista frase: “Mujeres hay muchas para tener hijos y Patria sólo tengo una”.
Hidalgo y Morelos fueron curas de pueblo. El primero, bohemio, soñador, poeta… fue despojado de manera humillante de todas sus insignias y dignidades eclesiásticas. Seguramente poco le importaban sus votos religiosos, ante su histórico paso como libertador de su patria. Morelos era también Cura, aunque más que la sotana su cuerpo le pedía arreos militares y su talento, más que una suprema interpretación de la Biblia le dictó “Los Sentimientos de la Nación” antecedente de la Constitución de 1814, que no alcanzó a tener vigencia pero que es prueba fehaciente de los alcances de un gran estadista de su tiempo.
Creo, sin rubor, en los símbolos patrios. Desde sus inicios, con la imagen de la Virgen de Guadalupe, hasta su forma actual, amo y respeto a la Bandera Nacional; alegoría simbólica de mexicanidad; majestuosa Enseña Tricolor a la que un poeta llamó “Dama de Seda”.
A pesar de su letra de origen santanista, entono con fervor y devoción las notas vigorosas, creación del español Jaime Nunó, quien utilizó el papel pautado, para llevar a la inmortalidad un himno nacional que invoca la guerra como camino hacia la paz.
Y qué decir de aquel credo de Ricardo López Méndez: “México creo en ti, porque el águila brava de tu escudo se divierte jugando a los volados con la vida, y a veces con la muerte”.
A los que no creen en México, a los que creen que materias como la Historia y el Civismo en la escuela elemental son lavados de cerebro al servicio de las clases dominantes; a los que sueñan con atentados sangrientos en cada plaza pública como manera de destruir a la autoridad; a los que no comparten los supremos valores de la Patria, en septiembre y en todo el año, les envío mis condolencias. A pesar de todo, las plazas cívicas de cada pueblo se llenan y se llenaran para gritar: ¡Viva México!
Septiembre 2015.