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Sonrisas y lágrimas en las urnas kurdas

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Diyarbakir, la capital sentimental de los kurdo turcos, custodió la llave del futuro de Turquía en las legislativas de ayer. Esta ciudad del sureste del país es el bastión del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), formación que decidirá si Erdogan tiene vía libre a sus ansias autocráticas.

 

 

Los 923 mil vecinos de Diyarbakir votan entre la ilusión y la indignación. Ilusión, porque, si el HDP supera el prohibitivo 10% de voto nacional, entrará en el parlamento. Indignación, porque el recuerdo de la matanza en el mitin del HDP del viernes pasado, que dejó cuatro muertos y numerosos amputados, duele.

 

Muchos de los heridos en aquel atentado, una doble explosión de origen desconocido, han acudido a votar con el cuerpo vendado y, algunos, en silla de ruedas. La mayoría reconoce tener un compromiso con la victoria del “Partido”, término que usan para referirse al izquierdista pro kurdo HDP, heredero de formaciones independentistas kurdas.

 

En el colegio Ziya Gökalp, dentro de los basálticos muros medievales, Selahatin se relajaba tras votar. “Ganaremos contra toda las presiones, ganaremos para todo el pueblo, turcos y kurdos”. Él, como casi todos con quien se habla aquí, ha votado al HDP. El discurso de la coalición de “formar una unión en la diversidad turca”, destinado a ganarse al votante no kurdo y de izquierdas del oeste de Turquía, ha calado.

 

En Diyarbakir las colas para votar son largas. A media mañana ya lo había hecho, en algunas urnas, el 50% de inscritos. 54 millones de ciudadanos votan desde las ocho de la mañana en las 174.000 urnas dispuestas en Turquía. Los colegios electorales cerraron a las cinco de la tarde. Se espera que en unas horas se sepan los primeros resultados. (Agencias)