Sin fondo ni forma

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HOMO POLITICUS

¿Por qué existen los debates políticos en México?
 
Los debates no son debates, son riñas de mercado que poco o nada expresan soluciones a las problemáticas de la realidad social, e inclusive, resultan morbosos, aburridos, una mierda de verdad.

En términos estrictos los debates políticos permiten la confrontación de las ideas y los programas de candidatos, pero también sirven para explorar su capacidad de conducción así como su ética y desde donde se aborda esa ética.
 
En México el debate político tiene otra dimensión.
 
Debido a que la mayor parte de los ciudadanos no leen, son en el mejor de los casos cibernautas, pero no leen, aunado a que son apolíticos y en la generalidad, resultan apartidistas y odian a la clase política; el debate televisivo se convierte en casi la única herramienta para conocer que pretenden los candidatos.
 
Empero los debates no son debates, son riñas de mercado que poco o nada expresan soluciones a las problemáticas de la realidad social, e inclusive, resultan morbosos, aburridos, una mierda de verdad.
 
En días pasados hemos tenido el segundo debate por la gubernatura del EDOMEX, resultó yogurt de pus, un verdadero vómito del alma que poco o nada dejó como enseñanza y cuyo espectáculo, aleja a la ciudadanía de la política porque la política no sirve para nada, socialmente hablando.
 
Sí apreciamos el alejamiento social de la clase política y de la política, no hay que ser pitonisas para advertir que los ciudadanos no encuentran ninguna respuesta a sus problemas y, más aún, cuando saben que la respuesta está en la política asumen que la pagaran con sangre, ya sea por corrupción, impunidad, autoritarismo o burocratismo.
 
Empero, parece que esta realidad la ignoran los políticos que se enfrascan en querer mostrar que son ellos quienes tienen la solución a los problemas del país, pero, ignoran que sus propuestas atraviesan por congresos, alcaldías, o bien, escenarios burocráticos, por lo que la concreción de las mismas, en las circunstancias que todos conocemos, en muy pocos casos se convierten en soluciones reales y expeditas.
 
El debate político no toma en cuenta que la ciudadanía se debate entre la vida y la muerte, entre la corrupción y la deshonestidad, entre el burocratismo y el papeleo, entre la inseguridad y la violencia; esas son realidades que el debate político asume que atiende, pero en realidad no lo hace.