La cantidad se pretende imponer a la calidad, no importa el perfil tanto como la relación de amistad con alguien que pudiese influir en los procesos de selección de candidatos; hoy día pareciese que cada loco trae su propio tema, pero lo cierto es que cada cual tiene la mira bien puesta en los comicios electorales fuertes que se avecinan en lo que resta del sexenio.
Los embriones y su estela de luz, es decir, los posibles candidatos y su séquito de lambiscones ya no tardarán en moverse, en lo que denominaríamos una pre de la pre campaña.
Cada cual por su lado y en su particular estilo estará buscando notoriedad, todos ávidos de seguir vivos en la política mexicana, haciendo declaraciones que les permitan aparecer como noticia relevante en los medios de comunicación. El impregnarse de pueblo será indispensable para hacer notar que “este sí merece ser candidato”, aunque antes de ello ni siquiera se dignaban a bajarle al pueblo aquellos recursos que alguna vez prometieron y que pronto nuevamente volverán a prometer, por aquello de que el prometer no empobrece.
Las pugnas, el egocentrismo, la vanidad, la lucha por el poder, se da en todos los niveles donde se ejerza la política, y esa es la razón por las que aquellos que se sientan merecedores de servir al pueblo, intentarán ponerles piedras en el camino a sus hermanos de estatutos partidistas.
Los golpes bajos son la suerte principal de los fajadores políticos, que no se dejarán quitar tan fácilmente la nominación por la que tantos años han trabajado.
La carrera por las candidaturas ya empezó; materialmente, comenzaron desde el día siguiente a la toma de posesión del futuro representante popular desempleado.
Permítaseme una reflexión llena de candidez, realmente las noches de desvelo de los suspirantes ¿serán por tener un verdadero amor a la patria, o solo es amor al dinero y a sí mismos?
Si fuese lo primero, es decir, si su impulso fuese el amor a la Patria, seguramente no propondrían que la franja fronteriza y la de playa fuese vendida a extranjeros, tampoco promoverían marchas o mítines en contra de algún político en particular solo con el objetivo de traerlo con el “mecate corto”; ni mucho menos dejarían en la trivialidad temas fundamentales para el País como lo es la seguridad, la economía y el desempleo; aunque en esto último podemos levantarnos el ánimo cuando vemos que a otros tampoco le ha ido tan bien.
Pienso también que, si hubiese un verdadero amor a la patria, los posibles candidatos no amenazarían con cambiarse de Partido o, en su caso, irse de independientes.
La segunda opción, amor al dinero y a sí mismos, creo que eso no pasa por la mente de ninguno de los políticos nacionales, pues ya sabemos que “la patria es primero” y hay que dar hasta la vida para defenderla.
Creo en México y en los mexicanos que diariamente se parten el alma por llevar comida a sus casas; de ahí deben salir las nuevas generaciones de políticos, los que no se preocupen por la imagen y si por las necesidades sociales; políticos que no solo estén comprometidos, sino también involucrados en la problemática nacional; compromiso y voluntad política, y la memoria bien fresca para que no olviden quienes los llevaron al lugar donde se encuentran.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.
L.D. MIGUEL:.ROSALES:.PÉREZ:.