“Quiero que viva mi nombre
y los hombres con respeto
donde duerma mi esqueleto
se arrodillen al pasar”.
Isaac Piña Pérez.
D É C I M A S
I
Dicen los primeros versos
de universal provinciano
que, con la ley en la mano,
desempeñó muy diversos
cargos y por sus esfuerzos
de hombre de bien que, nacido
en Atotonilco, ha sido
orgullo de Metztitlán,
de Hidalgo y de todo el gran
país, por él tan querido
II
Jesús Ángeles Contreras
a quien apreciaba mucho
(para sus hijas, Tío Chucho)
escribió con la razón,
también con el corazón,
la semblanza del poeta,
de las letras un esteta.
Él dos amores tenía:
uno, su gran hidalguía
otro, su musa discreta.
III
Martha Yolanda, su esposa,
ameritada Maestra,
de la mujer digna muestra,
comprensiva y amorosa.
Tanto en verso como en prosa
siempre recibió homenaje
con elegante lenguaje.
Los dos fueron profesores,
de su pueblo defensores
ante caciquil ultraje.
IV
“Aquel adiós sin ausencia”.
Un veintinueve de abril
no logró la muerte vil
terminar con su existencia.
Su literaria presencia
profunda raíz entierra.
En el Valle y en la Sierra,
en Pachuca y en Molango,
vibra Hidalgo, que es su tierra,
en los versos de un huapango.
V
Pachuca tuvo un testigo:
su nacimiento y origen,
las costumbres que la rigen…
Hacen del tiempo, su amigo,
más que fatal enemigo.
Es, la crónica, exquisita
lectura que, en cada cita,
en esta ciudad minera
con artística manera
Isaac Piña resucita.
VI
Los premios y galardones
jamás fueron sus motivos,
pero cayeron cautivos
de sus literarios dones.
por poéticas razones;
por su estilo sin igual…
logró una flor natural
en la hidrocálida gloria,
ganó un concurso de Historia
en el Diario “El Nacional”.
S O N E T O S
I
Para hablar del Maestro y sus sonetos
Hay que admirar la estricta preceptiva;
La libertad en su prisión, cautiva
De los catorce versos y sus retos.
Elegantes metáforas, discretos
Simbolismos de mística votiva;
Vernáculos mensajes de alma viva…
Magna expresión del arte y sus secretos.
“Déjame ser ceniza de tu olvido”
De puño y letra a la mujer amada,
Como suspiro de ave enamorada
Que ama su vuelo, pero adora el nido.
Ante el mágico y diestro sortilegio
Escribirle un soneto es sacrilegio.
II
“Donde la bella Mosa taconea”
A las rítmicas notas de un huapango.
Se advierten pedacitos de Molango,
De Ángeles que su canto tararea.
Piña recreó la universal aldea
Lo mismo entre la risa y el fandango
Que en jurídica lid, en donde el fango
Jamás manchó su magistral tarea.
La cátedra, tribuna del Maestro,
Aquí, su voz se escucha todavía
Al recorrer el intrincado trecho
Que nutre con su acervo el numen nuestro,
En la jurídica filosofía
Y en la práctica limpia del Derecho.
III
En un libro: su historia, su poesía,
Sus crónicas, artículos, sonetos…
Nos llevan a balcones indiscretos
De su “íntimo decoro” cada día.
Y como el genio que lo trascendía
Más allá de mis simples mamotretos
Su espíritu inmortal vence los retos
Del tiempo y se engrandece todavía.
El escultor de versos: fondo y forma
En mágico equilibrio, la balanza
Toca la perfección cuando se alcanza.
Piña dio vida a la pequeña Norma,
Sangre hidalguense, cuyo honor registra
De la Suprema Corte, ser Ministra.
Abril del 2016.